viernes, 12 de setiembre de 2008

Marco Aurelio García le responde a Fernando H. Cardoso

Lula, Perón y el fantasma del "populismo"


En esta nota, Marco Aurelio García, principal asesor de Luiz Inacio "Lula" da Silva, analiza los alcances de la equiparación que Fernando H. Cardoso, ex-presidente de Brasil, hiciera entre Lula y Perón.

Como asesor especial del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Marco Aurelio García ha sido el responsable de afianzar las relaciones brasileñas con América latina. Eso le reportó elogios en la izquierda y cuestionamientos en la derecha.

A dos días de los comicios, el coordinador de la campaña por la reelección analiza el proceso brasileño desde una perspectiva regional y rebate afirmaciones de otro intelectual, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

García refuta la noción de “populismo” definida por aquél así como su comparación entre Lula y Perón.

“La comparación que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (F. H. C.) hizo entre Lula y Perón merece ser analizada con atención.

Al hacerla, F. H. C. pretende criticar a Lula asumiendo, implícitamente, una evaluación negativa de Perón y el peronismo.

Cardoso comparte las críticas al `populismo' difundidas por la derecha latinoamericana.

Con liviandad intelectual y conservadurismo político, busca explicar la reciente irrupción de las clases trabajadoras en la escena política regional como la reedición tardía del `populismo' de décadas pasadas, sin darse cuenta de lo que significó en los últimos años la ampliación del espacio público en el continente y su impacto en el fortalecimiento de la democracia.

El no entendió los orígenes del peronismo y menos aún el fenómeno del PT/Lula.

”Por cierto, Perón y Lula son muy distintos, no sólo porque actuaron en países diferentes y en períodos históricos distintos, sino también por sus orígenes y trazos personales.

Sin embargo, hay algunos rasgos comunes entre el peronismo y lo que hoy representan el PT y Lula en Brasil.

Ambas manifestaciones políticas representan una toma de conciencia de las clases subalternas sobre el lugar que éstas ocupan en la construcción de lo nacional.

Son fenómenos plebeyos, inclusivos, distribucionistas y, al mismo tiempo, preocupados con la definición de un programa de desarrollo nacional.

Separados por más de medio siglo, en medio de enormes transformaciones mundiales, dan énfasis a la soberanía nacional y la solidaridad continental.

El gobierno Lula, en sus primeros cuatro años, inició importantes transformaciones sociales semejantes a las que el peronismo realizó, sobre todo en materia de inclusión e igualdad social.

Tanto Lula como el peronismo -independientemente de las críticas que se puedan hacer a sus respectivos proyectos- permitieron a los `de abajo' construir una identidad y sobre su lugar en la sociedad y en la política.”

-A propósito de paralelos, ¿que líder argentino es comparable a Geraldo Alckmin?

-No conozco, en la política argentina, ningún personaje que se compara a (Geraldo) Alckmin y, si lo conociera, no lo diría. No quiero ofender a nadie.

El candidato opositor censuró la “tibieza” del gobierno ante Bolivia, luego de la nacionalización del gas y la revisión de los contratos con Petrobras.

“Las opiniones de Alckmin sobre las relaciones entre Bolivia y Brasil son una mixtura de ignorancia y conservadurismo.

El está muy desinformado y mal asesorado sobre las cuestiones que están en juego, lo que es grave para alguien que quiere gobernar Brasil.

Hemos tenido algunas dificultades en nuestras relaciones con Bolivia. Siempre creímos que el camino a seguir es el de la negociación y el respeto a la soberanía boliviana.

La política externa propuesta por el PSDB privilegia el ALCA y las relaciones con las grandes potencias y una relación más tenue de Brasil con el Sur del mundo.

Somos criticados por ser `ideológicos' en nuestra política externa, mientras ellos se reivindican como supuestos realistas pragmáticos. Falso.

Esto prueba que la oposición brasileña es ideológica y conservadora.

Desconoce o no quiere ver que, incluso desde el punto de vista económico y comercial, nuestras relaciones con el Sur son muy positivas, sobre todo porque no se hacen en detrimento de nuestra relación con los EE.UU., Europa o países de Asia”, señaló García.

“La diplomacia que el PSDB propone aislaría a Brasil en América del Sur, distanciándolo de sus aliados regionales.

Comprometería nuestra relación con Argentina, que es una pieza clave de nuestra política externa”, agregó.

-¿Cómo recibieron el respaldo a Lula de Kirchner y Chávez? ¿Sigue en pie el proyecto del gasoducto del Sur?

-El presidente Lula se siente muy halagado por la simpatía que su candidatura a la reelección ha despertado en toda América latina, sobre todo entre nuestros vecinos, como son Argentina y Venezuela.

Todos los proyectos de integración continental -energéticos y sobre todo de infraestructura- y, evidentemente, el Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones, ocuparán un lugar central en la política externa de su segundo mandato.

-¿Qué significaría una derrota de Lula para la izquierda regional?

-En lugar de especular sobre el impacto que tendría una eventual derrota de Lula para la izquierda y para los movimientos sociales latinoamericanos, prefiero apuntar al significado que tendría una victoria.

La reelección de Lula -después de un año de fuerte campaña orquestada por la derecha brasileña contra nuestro gobierno- representa para Brasil, y para el resto del continente, la demostración de que los trabajadores de la ciudad y el campo, aliados a las clases medias progresistas, asumen cada vez más un papel protagónico en el proceso de transformaciones democráticas que nuestros países necesitan para vencer la pesada herencia de décadas de dictaduras y dependencia seguidas por la deconstrucción de lo nacional y lo social que nos impuso el neoliberalismo.

Aliados a sectores productivos del empresariado de nuestros países, será posible llevar adelante un proyecto de crecimiento con distribución de renta, profundización de la democracia, soberanía nacional y solidaridad continental.

Marco Aurelio García, licenciado de sus funciones de asesor de política externa, preside interinamente el PT, cargo para el que fue designado tras el escándalo conocido como dossiergate.

Pasadas las elecciones, el partido ingresará en una fase de debate que desembocará en el III Congreso el año próximo.

“La izquierda brasileña en su conjunto -y el PT en particular- deben hacer una profunda reflexión sobre el nuevo período que estamos viviendo para definir instrumentos de intervención adecuados al fortalecimiento de la democracia política y social.

Esperamos que la experiencia de nuestros hermanos del continente nos ayude en nuestra reflexión crítica”, apuntó.

Por Darío Pignotti

Página/12 (Buenos Aires)|Viernes, 27 de Octubre de 2006


http://www.clacso.org.ar/difusion/institucional/centros-miembros/opiniones/resena.2006-10-27.7581418718/


Para Cardoso, "Lula es un caudillo peronista más que chavista"

“El programa político en juego es más o menos el mismo.

Lo que los brasileños están eligiendo es un estilo de conducción.

Y la lucha es por el poder.”

Con la precisión del profesor universitario que nunca dejó de ser, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (gobernó Brasil entre 1994 y 2002) dio así, en una entrevista con LA NACION, su visión sobre lo que está en juego en la segunda vuelta de las elecciones que dentro de tres semanas disputarán su correligionario Geraldo Alckmin y el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, al que definió como “un caudillo con rasgos más peronistas que chavistas”.

Cardoso también se mostró sorprendido por la actitud que tomó el presidente argentino antes de la primera vuelta, realizada el domingo pasado.

“¿Qué va a hacer Kirchner si Geraldo gana las elecciones? Fue una imprudencia de su parte declararle el apoyo a Lula. ¡Eso no se hace!”, señaló el ex mandatario.

Sostuvo, con no poca ironía, que como él es integracionista, le transmite una propuesta al actual ocupante de la Casa Rosada: que Brasil y la Argentina se unan en un solo país. “¡Pero va a ser un voto por cabeza!", dice, y se ríe de la picardía de comparar implícitamente el número de habitantes de cada país, en el que Brasil supera abrumadoramente a su vecino del Sur.

En una entrevista en su oficina en pleno centro, y frente al histórico valle de Anhangabaú, el dirigente socialdemócrata analizó la batalla en la que él mismo vuelve a ser protagonista.

Por un lado, mantiene un diálogo constante con Alckmin. Por otro, es usado incesantemente por Lula cuando dice que la victoria de Alckmin será un regreso a los "años de Cardoso". Sus dos mandatos están bajo nuevo juicio.

Durante la entrevista con LA NACION, Cardoso dijo que no extraña nada del poder. "Ni poder usar helicóptero en día de embotellamiento", bromea.

"Si Lula quiere comparar mi gobierno con el de él, va a perder", dijo, y disparó una frase que puede dejar al Partido de los Trabajadores (PT) en pie de guerra: "(Para la gente) Lula da la impresión de que su victoria sería un riesgo" y que un segundo mandato del presidente "será muy difícil".

-¿Qué cree que llevó a Lula al ballottage?

-Lo obvio: todo el mundo pensaba que los escándalos no lo afectaban, que nada se le pegaba. Hasta que llegó un momento en que eso dejó de ocurrir. Primero su gente cometió muchos errores, construyendo ese dossier contra nuestro candidato en San Pablo, José Serra. Después no fue al debate, en una actitud un poco arrogante. Y también hay que admitir que en los últimos días los medios de comunicación fueron bastante duros con Lula.

-¿Lula controla a la fuerza oficialista, el PT?

-El no controla el día a día, porque no tiene paciencia. Así como no controla el día a día del gobierno, porque no tiene paciencia con los detalles. Dentro del PT él tiene fuerza y liderazgo interno, pero no se ocupa del día a día. La verdad es que uno se espanta con la cantidad de personas de su entorno que se involucraron en casos de corrupción.

-En su gobierno también hubo casos de corrupción.

-Puede ser. Es imposible garantizar que no exista corrupción en un gobierno; la diferencia es que ahora hay un estímulo a la utilización de métodos corruptos por parte de líderes del partido oficialista y de personas conectadas al gobierno. Lula no echa a nadie, o termina enalteciendo a los acusados diciendo que son buenas personas, que en algún momento van a volver.

-Un estudio publicado esta semana en Brasil mostró que la ética no fue el único factor que llevó a Lula al ballottage. El voto anti-Lula coincide con las regiones Sur y Sudeste, donde la economía no anduvo tan bien como en el Norte y el Nordeste.

-Claro, no fue sólo la ética. ¿Lula ganó en dónde? En el Brasil donde el desarrollo económico es más débil y el Estado es más fuerte. Donde los "favores" políticos son mayores. Brasil quedó dividido, pero no entre ricos y pobres. Quedó dividido entre modernos y atrasados. Cuando Lula fundó al PT, su partido nació para modernizar, porque él estaba en contra de las prácticas de sindicalistas corruptos. Ahora él reniega de la función de renovación que tenía el PT en su nacimiento.

-Lula afirma que para ganar la elección va a comparar la gestión de él con la suya.

-No hay ningún problema, pero nosotros vamos a responder. Los momentos son diferentes, y yo asumí los problemas de aquel momento. El tema es que el PT crea historias fantasiosas: por ejemplo, si sacamos el aumento de salario que Lula dio este año por las elecciones, en promedio el salario creció más durante mi mandato. Tomemos el empleo: en mi primer mandato, la desocupación era de 5 o 6%. En el segundo era de 7 u 8%. Ahora es 10%. El dice que él creó 7 millones de empleos y nosotros 700.000. ¿Cómo es posible, si ahora el índice de desocupación es mayor? Y él tiene la ventaja de la buena situación económica internacional. Si Lula quiere comparar mi gobierno con el suyo, va a perder.

-La impresión que da es que no hay alternativas políticas en discusión, sino estilos.

-Exacto. El programa, en grandes rasgos, es el mismo desde 1994. Lo que los brasileños están eligiendo ahora es un estilo de conducción. El PT introdujo la utilización de la maquinaria del Estado para fines personales o del partido, y a la gente eso no le gustó.

-¿Alckmin es un conservador?

-El nació en la lucha contra la dictadura militar. El formaba parte del MDB (partido opositor al régimen). Es serio, fiscalista, quiere conservar mucho las cuentas públicas. Es católico, pero es mentira que es del Opus Dei. Es lo opuesto a Lula, porque es un tecnócrata que estudia los temas. No es un improvisado.

-Usted mantiene un diálogo constante con Alckmin. ¿El va a reducir el alcance de los planes sociales?

-No, no existe esa posibilidad. Seguramente lo que va a hacer es evaluar mejor adónde va ese dinero y sus efectos. Lula lo único que hace es repartir plata, y Geraldo va a tener que dar muchas garantías de que no va a terminar con esos planes. Porque las personas del Norte y el Nordeste están formando su opinión en función del bolsillo. ¡Y es razonable! Porque en esos niveles de bajos ingresos, la moral es importante, pero la familia también lo es. Incluso más importante, y no es algo irracional que sea así.

-¿Alckmin y su partido no pierden la "bandera ética" al aliarse con el Partido del Frente Liberal, o con dirigentes sospechosos del interior en busca de apoyo?

-En la política brasileña es difícil no tener alianzas con personas acusadas de algo. Lula lo hizo, y yo también. Nuestro sistema requiere alianzas, requiere votos, y en la segunda vuelta todo el mundo participa. No hay otra forma.

-Nadie, ni su mismo partido, creía que Alckmin podía arrastrar a Lula al ballottage, ¿no?

-Es verdad. Se pensaba que Lula era invencible. Alckmin consiguió una proeza, porque el elector podía preguntarse: ¿por qué voy a sacar a éste y poner a uno que no conozco, si la economía va más o menos bien? Pero Lula comenzó a darle la impresión a la gente de que su victoria sería un riesgo, porque tiene comportamientos muy imprevisibles.

-Al no haber una disputa de programas, lo que hay, entonces, es una disputa de poder entre el PT y el PSDB.

-Miremos a Chile. Ellos lograron hacer la Concertación. Se juntaron los socialistas con la Democracia Cristiana, que se odiaban en el pasado, y ahora tienen la misma línea. Aquí en Brasil los dos principales partidos pensamos lo mismo, pero en lugar de hacer una concertación hacemos una pelea.

-¿Entonces no es posible una "alianza por la gobernabilidad", como propone Lula?

-No es posible una concertación en Brasil, porque hay diferencia de estilos. Nosotros somos más republicanos. Lula está proponiendo ahora una "concertación" para ablandar a la oposición. El perdió la oportunidad en 2003, al asumir. Ya que él no iba a cambiar mi modelo político, podría haber llamado a una concertación. Pero acá la lucha es por el poder.

-¿Qué opina de la declaración de apoyo hecha por el presidente Néstor Kirchner a Lula?

-(El presidente venezolano Hugo) Chávez también, creo que (el presidente boliviano Evo) Morales también. ¡Yo no sé qué está pasando con nuestros países, nunca vi algo así en toda mi vida! ¿Qué va a hacer Kirchner si Geraldo gana las elecciones? Fue una imprudencia de su parte declararle el voto a Lula. ¡Eso no se hace!

-¿Le ve algún heredero político a Lula?

-Lula no tiene herederos, porque tiene algo de caudillo. Y un caudillo cree siempre que él es el único, y los que lo rodean también.

-Usted no calificaba a Lula como populista hasta hace poco.

-No lo era. Lo que ocurrió fue que adoptó técnicas populistas, una retórica populista, sin quebrar la responsabilidad fiscal. Ahora, va a ser un problema si Geraldo gana, porque vamos a tener que apretar bastante durante un primer año, y eso políticamente es malo. Era mejor que ganara Lula (risas). Porque Lula aumentó mucho el gasto público. No hizo reformas, no avanzó.

-Tampoco provocó rupturas...

-Lula no es de rupturas. Lula es un poco un caudillo, con algunos trazos más del peronismo que del chavismo. Pero Lula no es rupturista porque Brasil no es de rupturas, nunca lo fue.

-¿Cómo sería un segundo mandato de Lula?

-Un segundo mandato de Lula sería más difícil. No tiene mayoría en el Congreso y va a tener que apretar la economía y las finanzas públicas.

-Para terminar... ¿qué piensa de Lula hoy?

-Lula es una persona excepcional, que se hizo de la nada. Pero es una pena, porque está eliminando el simbolismo de su figura. Lula nunca fue líder, sino símbolo. Es importante que un país tenga símbolos, e incluso mitos. Pero ahora el Lula presidente está matando al Lula símbolo.

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

La Nación 06 de Octubre del 2006

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=846979