martes, 1 de setiembre de 2009

Cultura Popular argentina; según la Cultura Popular oriental, y las corresponsales brasileñas.


El arte dionisíaco, en cambio, descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis.

Dos poderes sobre todo son los que al ingenuo hombre natural lo elevan hasta el olvido de sí que es propio de la embriaguez, el instinto primaveral y la bebida narcótica.

Sus efectos están simbolizados en la figura de Dioniso.

En ambos estados el principium individuationis queda roto, lo subjetivo desaparece totalmente ante la eruptiva violencia de lo general-humano, más aún, de lo universal-natural.

Las fiestas de Dioniso no sólo establecen un pacto entre los hombres, también reconcilian al ser humano con la naturaleza.

De manera espontánea ofrece la tierra sus dones, pacíficamente se acercan los animales más salvajes: panteras y tigres arrastran el carro adornado con flores, de Dioniso.

Todas las delimitaciones de casta que la necesidad y la arbitrariedad han establecido entre los seres humanos desaparecen: el esclavo es hombre libre, el noble y el de humilde cuna se unen para formar los mismos coros báquicos.

En muchedumbres cada vez mayores va rodando de un lugar a otro el evangelio de la “armonía de los mundos”: cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior, más ideal: ha desaprendido a andar y a hablar.

Más aún: se siente mágicamente transformado, y en realidad se ha convertido en otra cosa.

Al igual que los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural.

Se siente dios: todo lo que vivía sólo en su imaginación, ahora eso él lo percibe en sí.

¿Qué son ahora para él las imágenes y las estatuas?

El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte, camina tan extático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses.

La potencia artística de la naturaleza, no ya la de un ser humano individual, es la que aquí se revela: un barro más noble, un mármol más precioso son aquí amasados y tallados: el ser humano.

Este ser humano configurado por el artista Dioniso mantiene con la naturaleza la misma relación que la estatua mantiene con el artista apolíneo.

Las Murgas no son mas que coros báquicos adaptados a un tiempo y lugar específicos; y ambas orillas del Plata comparten esa devoción por cantar y bailar; ebrios del dios multitudinario que son en si mismos.

Por eso; la mirada de los “alegres” de la otra orilla, sobre los “mamados” de esta, es tan significativa.

Hay intimidad sin fusión.

Los Asaltantes con Patente imitando a las murgas argentinas, es en si mismo un tratado sociológico sobre el Río de la Plata.

Como nos ven los Orientales, y por contraste como se ven a si mismos.

Pero como se trata de la Web, lo mas jugoso son los comentarios.

Porque enseguida saltan los del Interior, para que no los confundan con los “porteños”; o los murgueros del AMBA que retrucan así:

“Primero, uruguayo, yo no estoy encontra de ustedes, pero de esta murga si.

Segundo, Vos cobras plata por hacer lo que haces, y lo haces en teatros. Aca no cobramos 1 peso a la gente y lo hacemos en la calle, para el barrio.

Tercero, mezclas las murgas con las papeleras y la gente de mi pais, cuando saben que no hay mucha diferencia entre nosotros y ustedes, asi que no se que hablan.

Cuarto, aca la murga es del barrio, de la gente...no como alla, que cobran para ir a verlos”

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“saludos a mis hermanos uruguayos, y si alguno tiene una murga haganse una parodia de los cordobeses, como yo, jajaj fernet, el famoso "culiau", etc, los cordobeses somos los que mas humor exportamos, jeje”

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me encantooooooooo somos diferentes ...y ahi esta el encanto .gracias desde argentina!!!!”

Pero uno de los datos más interesantes es el del “uruguayo interior”, que anida en el burgués argentino, y que se suelta cuando la frustración lo invade:

la envidia te corroe por dentro argentino mono con cara de berga, seguro que sos un piquetero , villero y cabecita negra. La murga uruguaya es mejor que la marcha piquetera con baile de monqueys a lo que ustedes llaman murga, y sino preguntate porque ahora tb nos copian las murgas y el mate amargo,y por cierto Gardel nacio en tacuarembo y hay docuemntos reales, chupa pija !!!

No me pueden negar que esta respuesta puede ser comparada a cualquier comentario de los grandes diarios, o foros de discusión de los últimos 5 años.

Los amables lectores pueden saber si tienen un porteño interior, o un uruguayo interior, mirando el video, hacer clic aquí.

Si se sienten ultrajados, no tienen un porteño interior; porque este se carcajea aun de si mismo.

Argentinos: mitos, manías y milongas; de Marcia Carmo y Mónica Yanakiew; ex corresponsales de O Globo y Jornal do Brasil; traen otra mirada, mas articulada sobre el “ser argentino”.

Pero en este caso generalizan al porteño o aporteñado con el argentino, que es lo que llamo “porteño interior”.

“Se expresa la sorpresa por la capacidad que asignan al argentino de reírse de sí mismo, cada vez que se inventan chistes sobre su propia banalidad, soberbia, tendencia a la trampa, que luego no se condice con el panorama que encontraron en los hechos.

La Argentina tendría una vocación especial por la protesta a largo plazo, para reclamar el esclarecimiento de crímenes o defender el ahorro propio a lo largo de los años.

Se lo explica como una cuestión de carácter, mediante una cita del escritor mexicano Octavio Paz:

“Pensé que nunca había visto nada más apasionante que una corrida de toros, hasta que vi a dos argentinos discutiendo de política”

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/554-203-2005-09-28.html

“Allí se dice que el propio argentino se encarga de autodenigrarse expandiendo falsos mitos sobre sí mismo.

Y se le atribuyen extrañas actitudes de acumulación desaforada bajo el colchón o en la maceta, supuestamente heredadas de generación en generación desde la llegada de los primeros inmigrantes..., pero a la vez no se deja bien parados a los brasileños cuando se les endilga una actitud pasiva, pusilánime, ante la protesta que no es propicia para reclamos colectivos.

Donde dice petulante, ellas sobreimprimen: ¡autocrítico!.

La sorpresa llega tras la lectura de algunos párrafos sobre el manejo de dinero: las autoras aseguran que el hábito de guardarlo abajo del colchón o en la tierrita de la maceta no es un derivado de la crisis post 2001 ni llegó por necesidad inmediata sino como fruto de una cultura de la desconfianza que forjó la inmigración desde principios del siglo XX.

Y echan a rodar un nuevo mito por comparación: si Brasil es la cigarra (que despilfarra y vive el hoy), a la Argentina le toca la hormiga”.

“Tienen la costumbre de guardar dólares debajo del colchón o en la maceta.

No tiene que ver con la última crisis, sino con la historia de inmigrantes, marcados por la desconfianza, o como nos dijo un economista: la prueba de que viene de lejos es que los brasileños no hacen lo mismo a pesar de haber pasado por las mismas crisis.

Pero tiene más que ver más con la sabiduría que con la avaricia: es el recurso encontrado para sobrevivir.”

“No entendíamos cómo confiaban en un lecop, una moneda inventada, y no en un cheque.

Ustedes mismos contestaron en nuestras encuestas que necesitaban tocar un papel real y que el cheque es algo intangible.

Que necesitaban algo palpable.

A los brasileños, eso no nos pasa.”

“Para mujeres y varones, yo diría que saben reclamar hasta por un feriado de carnaval.

Es admirable que la protesta se traslade de temas colectivos como la inseguridad, Cromañón o los desaparecidos a causas como la de María Soledad y que esa protesta dure a lo largo de las décadas.

En Brasil ni la madre se iba a quedar protestando.

Y ustedes siguen siendo implacables con ustedes mismos, asegurando que tienen una memoria corta”

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-554-2005-09-28.html

"Cuando uno va a vivir a Buenos Aires llega lleno de prejuicios.

Pero de pronto se encuentra que son personas agradables, inteligentes y con un ácido sentido del humor que se aplican a sí mismos", dijeron las periodistas, con larga trayectoria como corresponsales en Argentina y Sudamérica.

El libro se detiene a analizar "el romanticismo dominante en estas pampas, incluyendo flores y cenas con vino" como elemento de seducción varonil.

Y rescata el cuidado que las argentinas dan a su belleza.

"Lo cierto es que para bien o para mal, los argentinos siempre se dan maña para ser noticia.

Son capaces de dar vuelta la página o reescribirla con la rapidez de quien parece vivir online".

Cuando Clarín pregunta por qué, las autoras dijeron:

"Es que ustedes son una combinación de inmigración, educación, información e indignación".

De entrada, el libro afirma que los argentinos, "psicoanálisis y mucha lectura de por medio" son muy articulados.

"Coloque un micrófono en la boca de cualquiera en la calle y hablará mejor que un locutor", observó el ex embajador brasileño en Buenos Aires, Marcos Azambuja.

A partir de allí, las periodistas se interrogan:

"¿Por qué cabezas tan psicoanalizadas y pensantes no consiguen poner sus tesis en práctica o arreglar los errores que tanto critican?".

Les parece llamativo "ese-no-saber-quién-somos-ni-para-dónde-vamos" en un país "donde casi todos tienen opinión formada sobre casi todo".

Las corresponsales citan otro diplomático, el ex canciller brasileño Antonio Azeredo de Silveira:

"Decía que en una negociación, un argentino solo es temible.

Pero si hay dos, no hay que asustarse: son tan brillantes que uno destruirá al otro".

http://www.clarin.com/diario/2005/09/19/elmundo/i-02201.htm

Para Carmo y Yanakiew, en la Argentina una de las mayores manías es extrañar lo que no se vivió o probó.

“Por eso la obsesión en buscar alguna explicación para su eterno dilema: ¿por qué estamos como estamos?

¿Por qué somos como somos?

¿Y estamos como estamos porque somos como somos, o somos como somos porque estamos como estamos?”

Para ellas, “ésa es la versión más psicoanalizada de la misma sinfonía”.

Según escriben, “eso de ser lo mejor o lo peor, pero, de alguna forma, lograr siempre estar en boca de los otros forma parte de la idiosincrasia argentina”.

Y agregan:

“Son capaces de dar vuelta la página de la historia, o reescribirla con la rapidez de quien parece vivir on line”.

La rápida recuperación después de la crisis fue, justamente, uno de los motivos que les causó curiosidad y disparó la hechura del libro.

“Está naciendo en la Argentina una nueva sociedad.

Pero ¿qué sociedad es esa?

Ni los argentinos lo saben”, dicen, agudamente.

“Este país de 37 millones de habitantes, raíces europeas, que fue tan orgulloso de su educación y politización maciza, mantiene hábitos como la lectura en los cafés de Buenos Aires y asientos numerados en los cines.

Pero ese mismo país enfrenta hoy problemas que sus vecinos ya viven hace décadas.

La evasión escolar, el desafío de las drogas y el alcoholismo entre los jóvenes, el trabajo infantil, el desempleo y la pérdida salarial.

Resultados que muestran otra cara de la Argentina: un país latinoamericano.”

“¿Por qué escribieron ese libro?”, les preguntó este cronista a ambas autoras –que, vale el dato, son casadas con argentinos–.

Para las dos, el objetivo fue desarmar clichés.

“Durante la crisis, mucha gente nos preguntaba cómo los argentinos estaban logrando vivir sin dinero, o si eran tan arrogantes como se decía.

O, si no, comentaban la admiración por gente tan politizada ante cada problema.

Eran muchos mitos sobre un país que tenemos al lado y conocemos tan poco”, dijo Carmo, que actualmente es corresponsal de BBC Brasil para América latina.

………..

El libro que escribieron las dos periodistas le permite a un brasileño desarmar los clichés, y aunque ellas no pasaron por alto los defectos de la idiosincrasia argentina, la visión final de las autoras termina siendo más benévola de la que quizá tendría un argentino.

O talvez sea pura impresión.

Al fin y al cabo, como dice Carmo:

“Los argentinos son los primeros en hablar mal de sí mismos.

A veces parecen ignorar las buenas cosas que poseen.

Otras veces parecen exagerar el tamaño de los problemas.

Aunque perdieron mucho de lo que tenían, especialmente en lo social, todavía continúan teniendo el mayor patrimonio social de la región.

Es una sociedad intrigante y fascinante”.

Yanakiew concuerda.

“Individualmente, los argentinos preservan ciertos valores de antes, difíciles de encontrar en un mundo competitivo y globalizado, como la lealtad entre amigos o el respeto por la familia, con una fuerte conciencia política y social”.

Pero admite, con humor:

“Es muy difícil definir a un argentino, porque él mismo no se sabría definir”.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=747218

Mira chabon, si no la entende, leete lo que dijo el Federico, pa que veas lo q’somo.

“En un mundo estructurado de esa forma y artificialmente protegido irrumpió ahora el extático sonido de la fiesta dionisíaca, en el cual la desmesura toda de la naturaleza se revelaba a la vez en placer y dolor y conocimiento.

Todo lo que hasta ese momento era considerado como límite, como determinación de la mesura, demostró ser aquí una apariencia artificial: la «desmesura» se desveló como verdad.

Por vez primera alzó su rugido el canto popular, demónicamente fascinador, en una completa borrachera de sentimiento prepotente.

(Qué significaba, frente a esto, el salmodiante artista de Apolo, con los sones sólo medrosamente insinuados de su cítara?

Lo que antes fue propagado, a través de castas, en corporaciones poético-musicales, y mantenido al mismo tiempo apartado de toda participación profana; lo que, con la fuerza del genio apolíneo, tenía que perdurar en el nivel de una arquitectónica sencilla, el elemento musical, aquí eso se despojó de todas las barreras: el ritmo, que antes se movía únicamente en un zig-zag sencillísimo, desató ahora sus miembros y se convirtió en un baile de bacantes: el sonido se dejó oír no ya, como antes, en una atenuación espectral, sino en la intensificación por mil que la masa le daba, y acompañado por instrumentos de viento de sonidos profundos.

Y aconteció lo más misterioso: aquí vino al mundo la armonía, la cual hace directamente comprensible en su movimiento la voluntad de la naturaleza.

Ahora se dejaron oír en la cercanía de Dioniso cosas que, en el mundo apolíneo, yacían artificialmente escondidas: el resplandor entero de los dioses olímpicos palideció ante la sabiduría de Sileno.

Un arte que en su embriaguez extática hablaba la verdad ahuyentó a las musas de las artes de la apariencia; en el olvido de sí producido por los estados dionisíacos pereció el individuo, con sus límites y mesuras; y un crepúsculo de los dioses se volvió inminente.