sábado, 18 de setiembre de 2010

De Narváez, YO lo banco a Herminio; 1.

BUENOS AIRES, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1979

I – El Justicialismo, desde 1946, representa a la gran mayoría del pueblo argentino, sin que nada ni nadie hasta la fecha haya desvirtuado esta aseveración tantas veces confirmada como cuantas veces nuestro pueblo logró ser protagonista de la historia de la Patria a través de la consulta electoral.

II – Con esta representatividad incontestable el Justicialismo se dirige a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos considerando que ella representa una instancia internacional creada por la Organización de Estados Americanos, de la que la República Argentina es miembro desde su fundación; que su visita tiene por objeto verificar la observancia, por parte del gobierno de facto, de los derechos humanos, y que la presencia de la Comisión responde a una generalizada inquietud de la comunidad internacional – de la que nuestro pueblo forma parte – que considera que el comportamiento de la autoridad militar que ejercita el mando en la República Argentina, es francamente violatorio de los derechos humanos.

III – No hemos de abundar en la descripción de nuestro movimiento político y de sus banderas. Pero cabe señalar que desde 1946 hasta la fecha en el Justicialismo se traducen las legítimas aspiraciones espirituales y materiales del hombre argentino.

- Nuestro concepto de Justicia Social, la idea de una sociedad igualitaria, ha afectado y continúa afectando el privilegio.
- Nuestro concepto de la Independencia Económica, el manejo de nuestros recursos en función de los intereses nacionales, ha lesionado y lesiona el privilegio.
- Nuestro concepto de Soberanía Política, de que nadie puede subrogar al pueblo, también ha afectado y afecta al privilegio.
- Por todo esto, los beneficiarios de la actual situación, son y serán nuestros implacables adversarios. Y sostenemos que quienes se aferran al privilegio no encontrarán otra manera de mantenerlo sino solo mediante la violación sistemática de los derechos humanos.

IV – Los hombres del Justicialismo, los que ejercieron la primera magistratura de la Nación, los que integraron el Poder Legislativo, los magistrados y funcionarios del Poder Judicial de la Nación, los dirigentes políticos y sindicales, los docentes, las mujeres y la juventud, han sido el blanco de una indiscriminada represión. Y están los otros hacedores y fundamento de de nuestro accionar y de nuestra historia: el obrero silencioso, el estudiante, el profesional, el empresario, en fin, los que trabajan con esperanza y creyeron y creen que la Patria es un techo generoso que puede cobijar a todos. Tal vez esta creencia sea el delito que le asignan al pueblo.

V – No podemos aceptar que la lucha contra una minoría terrorista – de la que también hemos sido víctimas – se la quiera transformar en una excusa para implantar el terrorismo del Estado. “Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, decía nuestro líder, el teniente general Juan Domingo Perón. Este concepto es el que ha regido nuestro gobierno y es el que exigimos se ponga en inmediata vigencia, porque no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe amparar por igual a todos los ciudadanos. Aceptar cualquier otro criterio significaría transformar a la persona humana en simple objeto de los delirios represivos de las minorías.

VI – Nosotros, hombres del Justicialismo, no hemos de permanecer impasibles, no hemos de hacer de nuestro silencio una conducta. Sentimos un imperativo, producto de nuestras convicciones y de nuestra larga y dura militancia en la causa de la Patria. En consecuencia, el dolor de una madre es nuestro dolor; el dolor de un hijo es también nuestro; el obrero al que le falta el pan y no permiten decir lo que le falta, se hará voz en nuestras voces. Y esto nos compromete a asumir el dolor de aquellos que padecen la cárcel, a través de “actas”, “decretos” o “bandos” en las prisiones, embajadas, domicilios y confinamientos; y de los que padecen – y son millones – este exilio interior de la represión, el silencio y el hambre.

VII – Finalmente, hacemos nuestras las palabras de Su Santidad Juan Pablo II cuando dice: “La Iglesia (…) quiere hoy continuar su misión de fe y de defensa de los derechos humanos, invitando a los cristianos a comprometerse en la construcción de un mundo mas justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios”. Hacer ese mundo mas justo significa, entre otras cosas (…) que no haya injusticia y desigualdad en la impartición de la justicia; que no haya nadie sin amparo de la ley y que la ley ampare a todos por igual; que no prevalezca la fuerza sobre la verdad y el derecho, sino la verdad y el derecho sobre la fuerza; y que no prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano.

VIII – Por ello, el Justicialismo DENUNCIA: a) el encarcelamiento, vejación y confiscación de sus bienes de la señora presidente de la Nación Argentina, doña María Estela Martínez de Perón; de nuestro prestigioso dirigente gremial, don Lorenzo Miguel y de otros tantos que padecen las consecuencias de las llamadas “actas”; b) la muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevarán como “pena” desde un silencio impuesto, hasta la muerte.

Deolindo Felipe Bittel- Herminio Iglesias

“Recuerdo que en la reunión en que se trató el tema, Saadi se inclinó hacia nosotros y dijo que hacía falta un papelito.

Salimos entonces de allí con Jorge Vázquez, pregutándonos donde íbamos a hacer un papelito.

- Vamos a casa de Mario Cámpora - dijimos.

Mario vivía en la calle Guido al 1600.

Muy eufóricos le explicamos de qué se trataba y él, escéptico, dudaba que se fuera a presentar algo a la Comisión.

Esto tenía su justificación, porque estaba pasando por un momento especial, con su tio exiliado en la embajada de México y con poca solidadad del partido.

De cualquier manera lo convencimos.

Llegamos a las ocho de la noche y comimos.

Estábamos Vazquez, Cámpora, yo y la mujer de Mario.

A la una de la mañana nos pusimos a trabajar.

Todos teníamos un compromiso personal con el tema:

Vázquez acababa de salir en libertad, yo tenía a mi marido exiliado, Cámpora tenía a su tio sin poder salir de la embajada mexicana...

Finalmente Mario agarró la máquina y comenzó a escribir.

Creo que en definitiva tenía el documento casi hecho "in mente".

Lo empezó a escribir de corrido y casi no nos dejó intervenir.

Cuando sacó el documento lo corregimos.

Ahí hubo una frase, la que habla del "exilio interior" que la agrega Jorge Vázquez.

Me acuerdo porque cuando el documento toma estado público, fue una frase muy citada.

Volvimos a pasar el escrito y recuerdo que Mario se embaló y abandonó toda reserva y Vázquez se servía wisky´s uno tras otro y caminaba... mientras la mujer de Mario nos preparaba café.

Terminamos a las cinco de la mañana y ahí decidimos no mencionar para nada la intervención de Mario Cámpora, porque podía resular irritativo...

(Testimonio de Nilda Garré).

El justicialismo, como Perón lo decía, es como una bolsa de la que pueden sacarse las sorpresas mas inesperadas.

Este incidente lo confirma: si Bittel tenía temores por la reacción de la izquierda, el documento fue preparado por representantes de esta ideología que pertenecían al Partido Justicialista.

Por otro lado, junto a la de Bittel, el escrito fue refrendado por el dirigente Herminio Iglesias, un representante cabal del sector de la derecha del mismo justicialismo.

- ¿Sabe por qué lo hice venir ?

Porque si yo hubiera sido un juez de la Capital, esto no tendría la trascendencia que ha tenido.

Yo quiero ser Presidente de la República, y con esto salto a la popularidad y constituyo mi primer base polìtica...

Bittel no podía creer lo que escuchaba.

El juez Pinto Kramer le estaba confesando sus razones para citarlo a declarar - por la presentación del documento a la Comisión de la OEA - en Rio Gallegos, a mas de tres mil kilómetros de su domicilio, con el fin principal de promocionarse.

El juez llamó a su mujer y armó una reunión social.

Se sobresaltó un tanto cuando escuchó bombos y tambores:

- ¿No me va a decir que vino con el bombo? , le preguntó a Bittel, entre temeroso y esperanzado.

En realidad, no eran los bombos del Tula - personaje infaltable del folklore peronista - sino la banda local que ensayaba en la plaza mayor de Rio Gallegos.

Pinto Kramer le tomó declaración y lo despidió en la puerta del juzgado.

"Lo voy a poner en libertad...", le dijo como otorgando una concesión inusual.

Cuando traspuso la entrada del juzgado Bittel sintió alivio, con el aire fresco de la Patagonia.

Las repercusiones de la presentación ante la Comisión fueron extraordinarias y la reacción de la dictadura no se hizo esperar.

Este incidente en Rio Gallegos, solo fué una más de las tantas vicisitudes que le aportó la entrega del documento sobre Derechos Humanos al vicepresidente 1º del justicialismo.

"En una reunión previa con los gremios por este tema, evidentemente hubo un informante porque a las ocho de la mañana siguiente me llama Miguel Unamuno y me dice: "no me preguntés como lo sé pero te anticipo que la yuta (policía) lo sabe todo".

Al otro dia fuí con el documento en el bolsilo para que firmen y me encuentro con que los apretaron a todos: "van en cana (presos) y pierden los gremios", le dijeron.

Cuando ví el ambiente les dije: "muchachos... ustedes bancaron el movimiento durante largo tiempo। Ahora ésta me la banco yo"

Y me fuí porque entendí que debía asumir la responsabilidad medio solo porque tampoco la gente del partido me quiso firmar...

Ahí en el Hotel Savoy, cuando teníamos que tener la reunión a las cinco de la tarde no apareció nadie; el único fue Herminio Iglesias y un muchacho Juan Carlos Vidal; y con ellos dos y Paulino Niembro fuí esa noche y entregué el documento.

La prensa nos dió mucho espacio.

Al día siguiente fuimos solitos a comer Miguel Unamuno y yo, y un periodista me dice: "en la Casa de Gobierno no saben si lo van a tirar de un avión o le atan una piedra y lo tiran al rio".

Entonces me fui por varios dias.

Después vinieron las citaciones.

Un juez de Paraná también me hizo ir para allá.

Me encontré con Herminio Iglesias y Alberto Fonrouge y me dijeron que podían sacudirme veinticino años por la cabeza.

Tengo que ser gil para poner la cabeza en el cepo - dije yo - si me dan veinticinco años me voy al Paraguay.

Entonces mis abogados fueron a hablar con el juez y la verdad no sé por qué me citó, porque me presenté, me hizo un breve interrogatorio y poco menos me sacó a los empujones porque tenía unas ganas de verme lo más lejos posible.

Cualquiera que es citado por un juez en época de dictadura tiene que ser un héroe o un mártir si no tiene miedo.

Yo recuerdo que antes de ver a Pinto Kramer (el juez que lo citó en la Patagonia), un compañero que trabajaba en Institutos Penales me trajo unas fotocopias de cuando el juez colaboró con Cámpora para la liberación de los presos políticos.

"Si te aprieta, mostrale esto", me dijo, pero no hizo falta porque el hombre se portó bien". (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).


http://deshonestidadintelectual.blogspot.com/2008/07/1-compaeros-de-ruta-de-probada-lealtad.html