martes, 27 de noviembre de 2012

Somos, Cumbia-Rock; Are you nervous? The elections from a shantytown of Great Buenos Aires



“Yo no estaba interesado en la brujería cuando llegué a Zandelandia, pero los Azande sí lo estaban; luego, tuve que dejarme guiar por ellos”
“I had no interest in witchcraft when I went to Zandeland, but the Azande
had; so I had to let myself be guided by them” (Evans-Pritchard, 1973, p. 2).



-Te lo explico.
Yo paso casi todo el tiempo en el campito.
Para ubicarme, siempre miré las ellas.
Jamás necesité otra cosa.
No hay como el cielo para que el hombre sepa en qué lugar tierra tiene los pies.
Pero ahora este método ya no sirve más, porque las constelaciones se están desfigurando, por cuestiones políticas.

- No entiendo.

-Lo que pasa es que en los últimos tiempos el cielo se llenó de satélites.
Los usan para espiar los barrios secretos que mandó a construir Evita en La Matanza. 
Deben tener miedo.

Juan Diego Incardona, El campito (2009, pp. 27-28)

7- Germán Pérez (2009) analiza el “quilombo” como central en la forma en que los argentinos pensamos “el 2001”, y nos   relacionamos   con   la   política.  

Pero   si   para   otros   el   “quilombo”   se   condensa   en   un   momento   puntual (especialmente el 19 y 20 de diciembre de 2001), para José el “quilombo” en La Matanza no sólo comprende el mes crítico (cuando se produjeron saqueos en las zonas aledañas a Villa Torres) sino que se prolonga antes y después  de 2001, desde el corte de ruta mencionado hasta 2003.


8- Claudia Hilb plantea la importancia del miedo como principio de acción específico de la política contemporánea: 

“Situándome laxamente en el contorno de un planteo à la Montesquieu, quiero proponer aquí que el temor puede ser pensado en tanto principio de acción no ya como temor al déspota, a quien representa la voluntad de des-orden, de i-legalidad, de arbitrariedad, sino que puede ser pensado de manera no-hobbesiana como temor a la ausencia de orden en tanto tal, como temor a la pérdida del orden” (2001, p. 447, subrayado en el original).



“Pero Cobos no es un compañero”, contesta él.

“Vos también decís por Solá, ¿no?”, agrega.

Y continúa: 

“Con el campo hubo muchos errores; de no ver el problema, porque el campo ya no es como era antes. 

Ahora muchos chicos arriendan  los campos,  ya no producen. 

Solá podía manejar ese tema pero lo rebajaron, porque él era gobernador y lo pusieron de primer diputado…

Es lo mismo que con Balestrini.

A él también lo rebajaron: pasar de presidente de la cámara a vicegobernador…

Él estaba para más.

Pero lo que tiene es que él se lo toma de otra manera”.

Me cuenta que estuvo en Quilmes con la gente de Luna, con Karaman, hablando de todos estos temas.

Que va porque les está organizando la reunión con Pisoni, ésa que me comentó.

Asiento.

Que ahora van a tener que trabajar a full.

Encima justo empezó la escuela.

Espera no tener que dejar.

Pero ya ve que van a estar corriendo de nuevo. 

Se sonríe.

(Registro del 13 de marzo de 2009).


¿Sorpresa? ¿Para quién?

En definitiva, el 28 de junio de 2009 fue un día largo de trabajo para ellos. 

Pero ¿se trataba de cumplir con la tarea o había algo en juego?

Los pronósticos hechos durante el acto en el Mercado Central cuando pregunté por la cantidad de gente presente (y las inquietudes expresadas unos meses antes por Andy); las caras, los comentarios y los  llamados al  cerrar  el  comicio… enseñaban que  los significados de  las elecciones no se  reducían al  trabajo  realizado  (y mostrado). 

El  momento era vivido emocionalmente,  y  los  resultados electorales despertaban preocupación. 

Pero  la  respuesta difería de  la de  los  analistas  políticos  académicos  o militantes (y la mía).

Entonces las acciones de mis anfitriones no apuntaron a precisar las falencias de la estrategia (ni a buscar al traidor).

Tampoco las dudas sobre el presente se estructuraban a partir de una imagen nostálgica del  pasado,  pretendiendo mirar  a  las estrellas para encontrar  el   rumbo  (como el buscavidas citado en el epígrafe).

Más aún, mis anfitriones diferían de  la  imagen clásica de las redes políticas   asociadas   a   las   políticas   públicas   focalizadas   durante   los   ’90.  

Entonces,   Auyero   (2001) mostraba cómo  las mujeres  inmersas en una red “clientelista”   local  representaban  la  performance  de Evita en sus presentaciones públicas,  mientras Semán (2006) describía cómo una pastora levantó un templo en donde previamente había alzado una unidad básica, descontenta porque “antes daban más”. 

En estas etnografías, el recuerdo del peronismo como estructura del sentir y su actualización como red política barrial asociada a los programas estatales resultaba el eje para comprender cómo unos y otros vivían la política.

En Villa Torres, en cambio, el pasado no ayudaba a comprender ni a quienes habían trabajado el día de las elecciones ni a quien no era peronista pero estaba preocupado por los resultados. 

No era hacia el mundo  feliz de un pasado  idealizado que se orientaban  las  inquietudes sino hacia  la urbanización presente (y los futuros posibles asociados a ella).

La urbanización hablaba de la “suerte” de estos  “villeros”…

En  lugar  de guiarse por  estrellas  (monstruos y nostalgias),  como en  la novela de
Incardona, ellos vivían esperanzas muy actuales, con realismo (y algunos también con ironía).

En octubre, volví a visitar al señor que no había ido al cierre de campaña.

Me contó que todavía estaba esperando que le hicieran su casa nueva.

En marzo, habíamos bromeado con que para esta época del  año,  ya estaríamos  tomando mate en su balcón,  o sentados en  los sillones que compraría para esa casa…

Pero en octubre seguía esperando.

Recordé mi   registro del  28 de  junio. 

También nosotros habíamos esperado: primero,  en  la escuela;  después,  en el  subcomando;  por  último,  cada uno en su casa. 

Para mí,  se  trataba de entender  el resultado  de  las   elecciones  en Torres. 

Para  ellos,   en   cambio,   la   cuestión   central   era   saber   cómo continuar. 

Para   entender   las   elecciones   desde  Villa  Torres,   tuve   que   comprender   la   espera   como contracara del trabajo en la urbanización.

Porque las elecciones no se dirimían en Villa Torres, pero sus  resultados eran considerados  importantes para  la urbanización… y para  la vida en Torres. 

Trabajar,  mostrarlo, esperar y analizar para actuar de la mejor manera posible…

Para salir de la sorpresa, no se trataba tanto de estilizar un “votante mediano”.

Tampoco se trataba de barajar   la   lealtad   o   el   poder   de   los   intendentes,   u   otros   actores   relevantes.  

O  combinar   entre mediatización y territorialización de la política.

Estas explicaciones a posteriori, vistas desde la etnografía en  Villa   Torres,   omitían   lo   central. 

Ante   una   derrota   anticipada,   lo   importante   era   trabajar   bien   y esperar… hasta entender cómo hacer la próxima jugada.

¿Estás nervioso? Las elecciones desde una villa del Gran Buenos Aires.
María Cecilia Ferraudi Curto; hacer clic aquí.
UNSAM/CONICET


Estallido, Cumbia-Rock, Burguesías Culturales y Administrativas; y Clases Populares.


Somos, Cumbia-Rock, Clases Populares; y Burguesías Culturales y Administrativas.


Continuara.

Estallido, Cumbia-Rock, Burguesías Culturales y Administrativas; y Clases Populares.




¿Comos nos ven, a la Argentina, en los Países Serios?

Zoncera, jauretchiana, que ha alcanzado la altura de mándala para las BCyA argentas.

Que siguen creyendo ser un Quartier parisino enclavado en plena África “negra”.

Lamentablemente para ellos, su ilusión, en la realidad liquida de la Globalización; se evapora debido a las “calenturas” que genera LA Crisis, que ya caracterizan como la Gran Recesión.

Catalunya y Texas des-unidas
Jamás serán vencidas.

1/ Texas también se contagia de una fiebre secesionista
Los petitorios a la Casa Blanca para "seguir un camino propio" reciben miles de adhesiones tras el triunfo de Obama.


2/ INDEPENDENTISMOS POR EL MUNDO
“Texas sola estaría mejor: Obama y EE.UU. nos roban”


3/ What would happen if Texas actually seceded?
Secession fever has struck much of red America after President Obama's re-election. And that's got a lot of people asking "what if...?"


4/ With Stickers, a Petition and Even a Middle Name, Secession Fever Hits Texas


5/ What seceding from the U.S. will cost you


6/ Fox's Economic Argument For Secession Would Actually Create A "Confederacy of Takers"


Continuara…

Paraguay: Petro-Victory farming out Pirity Block in Paraguay



http://www.energy-pedia.com/news/paraguay/petro-victory-farming-out-pirity-block-in-paraguay










http://energia3.mecon.gov.ar/contenidos/verpagina.php?idpagina=810



Hallaron petróleo de alta calidad en Formosa

Domingo 1 Abril de 2012 |

 

http://www.territoriodigital.com/nota3.aspx?c=9830032312903889

 

 

 

 

 









viernes, 23 de noviembre de 2012

Republica de los Pobres, el Vietnam del Neoliberalismo y la Gobernabilidad de la Trilateral.


“Se como manejarme en el Quilombo, conozco las “Reglas de la Casa””
Perón, según Tomas Eloy Martínez.




Quilombo

Etimología: del portugués quilombo, con el mismo significado, y este del quimbundu kilombo ("comunidad de guerreros")

Acepciones

1/ Comunidad de esclavos cimarrones que, durante la época colonial en América, se organizaban para su subsistencia y defensa independientemente de la autoridad colonial
Sinónimo: palenque

2/ Local en el que se ejerce la prostitución
Ámbito: Bolivia, Chile (sur), Paraguay, Río de la Plata
Uso: malsonante
Sinónimos: Para una lista de sinónimos y términos relacionados, véase Wikcionario: prostíbulo/Tesauro

3/ Situación confusa y desordenada
Ámbito: Bolivia, Chile (sur), Honduras, Paraguay, Río de la Plata
Uso: malsonante
Sinónimos: cahuín, follón, jaleo, lío

4/ Lugar remoto e inaccesible
Ámbito: Venezuela
Sinónimo: andurrial

5/ Vivienda rural rústica
Ámbito: Venezuela
Sinónimos: rancho, tapera

Compuestos

“…armar un quilombo…”: ocasionar un alboroto
“…armarse un quilombo…”: producirse un gran desorden




"La interrupción del Plan Alimentario Nacional (PAN) en el momento de mayor hiperinflación (mayo de 1989) obligó al gobierno provincial y las municipalidades a responsabilizarse de la asistencia alimentaria: ollas populares, comedores comunitarios, distribución de víveres"
PREVOT-SCHAPIRA (1993) “La consolidación municipal  en el Gran Buenos
Aires: tensiones y ambiguedades”. En Revista “Estudios Sociológicos” Vol. XI. núm.33; setiembre-diciembre, 1993. México.



“…si bien no se produjeron modificaciones en el status de los municipios del Conurbano, a partir de la hiperinflación de 1989 se modificaron las condiciones y las funciones que ejercieron, que hasta ese momento sólo se concentraban en el primer nivel de atención de la salud y algunas actividades de cultura y deporte”.
CHIARA, Magdalena (2000) “Las políticas sociales en el Gran Buenos Aires en los noventa.
Algunas reflexiones acerca del régimen local de implementación”.
En Revista Quivera Nº 4. Año 2. México.



En la década del 80, un nuevo fenómeno: las tomas de tierras o “asentamientos” transforma los procesos de urbanización en el Area Metropolitana de Buenos Aires.
Los autores, miembros de un equipo de investigación de la Universidad de General Sarmiento (Argentina), entrevistaron a habitantes de estos  asentamientos, y se sorprendieron con las frecuentes menciones a los saqueos y ollas populares ocurridos doce años atrás en un contexto de hiperinflación.
En este artículo, estos hechos son considerados como constitutivos de una experiencia formativa iniciada con la organización para la toma de tierras y seguida poco después por los saqueos de supermercados y otros negocios durante la hiperinflación de 1989.
Esto da origen, posteriormente, a las ollas populares que paliaron el hambre de ese momento, y que luego se transformaron en comedores comunitarios, guarderías  y otras organizaciones que  hoy persisten.
Esta indagación se apoya en los relatos de los entrevistados y en la recopilación de diferentes periódicos de ese momento.
“Los saqueos y las ollas populares de 1989 en el Gran Buenos Aires.
Pasado y presente de una experiencia formativa”.
María Rosa Neufeldy María Cristina Cravino; Julio 2001.
Universidad Nacional de General Sarmiento. San Miguel, República Argentina. 


“Los pobres están condenados a la participación”

–Pobres ciudadanos, el título de su reciente libro, une dos términos que suelen verse como contradictorios en muchos relatos políticos o periodísticos en boga. ¿Pensó en eso cuando lo tituló?

–Pensé en eso esencialmente. Pensé en esa lectura que se hace solamente en la Argentina. Si usted dice lo mismo (“pauvres citoyens”) en Francia la lectura es “católica”, compasiva. “Pobre ciudadano, qué mal que le ha ido.” Pero no hay la tensión que se observa acá. La Argentina es un caso paradigmático de un doble recorrido, más fuimos ciudadanos, más fuimos pobres. Contradice cierta lógica progresista ¿cómo puede ser que un país se democratice y se empobrezca a la vez? Ni siquiera los países del Este europeo hicieron este camino, porque no se han democratizado cabalmente.

–Se suele decir que los pobres no tienen acceso a la ciudadanía toda vez que “la política de los pobres” es de segunda. Los pobres son definidos como rehenes, sometidos a las redes del clientelismo.

En realidad, son pobres y son ciudadanos, con todas las fuerzas que esos dos términos tienen. La pobreza, incluso en casos muy duros, no disuelve la conciencia del ciudadano. Cuando uno trabaja con gente de sectores populares ve que tienen una conciencia ciudadana mucho más aguda de lo que podría imaginar a priori. Esos tipos, que están en condiciones de vida muy embromadas, tienen posibilidades de desarrollo político más limitadas que otras personas, pero no debe abusarse del concepto de clientelismo. El clientelismo es un punto de vista muy fértil para criticar al Estado o al sistema político, porque es cierto que el deterioro de las condiciones de vida limita las posibilidades políticas. El problema viene después, cuando se piensa en cómo construir fuerzas populares. La idea del clientelismo lleva a un callejón sin salida, porque piensa sólo en términos de dominación negando la potencia que existe para liberarse.

–¿Cómo se defiende el que no tiene trabajo o el que trabajando no puede parar dignamente la olla en el Gran Buenos Aires?

–De varias maneras. Primero, asociándose con los que viven con él y como él. El barrio es el gran organizador de las clases populares actualmente. Hay racimos formidables de organizaciones sociales de toda índole (más o menos estables, más o menos prósperas) que se vertebran alrededor del barrio. Los piqueteros son los más conocidos, pero hay organizaciones religiosas, musicales, murgas, comedores y sociedades de fomento. La miseria empuja a la participación, porque para ganarse la vida hay que moverse, hay que estar en organizaciones, ir a los lugares que tienen recursos.

–La debilidad, según usted, no equivale a pasividad ni a falta de dinámica.

Porque sos débil tenés que moverte, tenés que ser astuto. Hay una herencia del sindicalismo argentino, que es el enganche entre el Estado y los gremios. Las organizaciones sociales, territoriales, heredaron ese esquema. Yo hice largos trabajos de campo en La Matanza y conocí a (Luis) D’Elía en sus comienzos, en 1986. El decía: “Vamos a pelear por la tierra, pero la tierra debe ir a la cooperativa y la cooperativa transferirlos al barrio, porque ése es el único modo de construir poder popular”. Eso era lo mismo que hacían los sindicatos. No se reclamaba institucionalizar los beneficios. Las organizaciones lograron así poder, pero se encerraron en la búsqueda permanente de recursos. ¿Cuál es el dirigente más exitoso, el más representativo? Aquel que tiene capacidad de conseguir recursos del Estado. Los pobres quedan condenados a participar de modo perpetuo. Lo que se obtiene hoy no sirve para el mes que viene, no es un derecho adquirido. No es una “conquista”. Cuando usted obtenía la jubilación, la incorporaba. Si le dan 100 pesos tiene que reiniciar sus reclamos mañana. Por eso las clases populares participan más que las clases medias.

–¿Exigen o piden?

–Están atrapados entre zafar de su situación actual y promover (digamos) que el mundo mejore. Si usted le pone un micrófono a un dirigente le dice que el problema es el desempleo, pero si habla con un funcionario pide “algo para el barrio”, “algo para ahora”.

–Básicamente ¿sólo pide planes?

–Planes, agua potable, alimentos para los comedores, ayuda del municipio porque se desborda el arroyo, pide que pase una línea de colectivos... Hay una tensión entre distintas organizaciones. Algunas privilegian el reclamo ciudadano y consideran todo el resto como una claudicación. Y hay otras que van a apoyarse más en el principio de realidad, de integrarse más al sistema político.

–¿Cuáles son, en cada caso?

–En las organizaciones de la zona Sur (Teresa Rodríguez, MTD) pareciera que el reclamo de derechos está más presente. En las organizaciones de la zona oeste (FTV, CCC), están más en una cosa de integración y negociación con el sistema político. Pero sería falso pensar que están sólo en una cosa y no en la otra.

–No existe polaridad tipo “revuelta vs. sumisión”.

–No, depende de un millón de cosas. Cómo obra el intendente, quién es el gobernador, cuáles son las políticas públicas...

–¿Las agencias estatales son los únicos sectores interpelados?

–Se busca en otras organizaciones. Se busca dinero, formación. Todo recurso es bienvenido. No es que le dé lo mismo el rock que la bailanta o ser católico que pentecostal, pero eso no quiere decir que esté en condiciones de descartar lo que no se aviene con sus valores. Debe negociar con todos.

–¿Por qué no enrolarse o militar todo el tiempo en alguna organización?

–Porque ninguna de esas organizaciones, ni siquiera el peronismo, está en condiciones de resolverle todos los problemas en tiempos duraderos. El tipo tiene muchos años de carreteo, también sabe que quien hoy es todopoderoso, mañana va a dejar de serlo y no tiene problema en cambiarlo. Coexisten dos registros, el de los criterios propios y de la conveniencia.

–¿Por qué sigue siendo una referencia importante el peronismo, que tanto tuvo que ver con la caída de los trabajadores, con el desempleo, con el desguace del Estado benefactor?

–El peronismo tiene un capital simbólico, el de haber representado como nadie a la clases populares. Y también ha sido el que mejor se adaptó a las nuevas situaciones, aun cuando contribuyó a destruir el mundo del trabajo. Está mucho más atado con la realidad. Hubo un momento clave, en el año ’87. El alfonsinismo, que disputaba las clases populares con la renovación peronista, se encontraba con los ocupantes de tierras y se preguntaba cómo hacer para respetar la institucionalidad (violada por las intrusiones) y para no reprimir. (El luego presidente Eduardo) Duhalde, en la Municipalidad de Lomas, dice “no me importa que las ocupaciones sean ilegales, eso es un hecho. Yo hago mi política social a partir de ese hecho”. El peronismo resolvió esa ambivalencia, sin muchos pruritos legales, pero...

–¿Qué aprendió usted sobre la cultura popular haciendo trabajo de campo en los barrios?

–Hay una forma de sufrimiento de los sectores populares que es la inestabilidad. Las cosas pasan... o no pasan. El colectivo pasa a veces, en otras, deja de pasar y en otras pasa con las puertas cerradas, no para. El médico va a la salita, pero no tiene remedios, los aparatos no andan. Ante situaciones tan inestables, la gente acomoda el tiempo. Parece jugar con gran habilidad entre la espera (no hay trabajo, el tipo se sienta y toma mate), y la plena actividad. Si hay trabajo sale como si tuviera un cohete. Pero si se le propusiera otro ritmo, le diría “para qué se apurasi no hay trabajo, no se agite si no avanza”. La persona de clase media goza de mayor previsibilidad. En el barrio, lo previsible es que nada se puede prever.

–Tampoco están las radios o la tele avisando de los problemas de tránsito o de transporte.

El otro día estaba en Virrey del Pino, cerca de Cañuelas. Hay que llegar a la ruta 3, la única vía asfaltada donde pasan los colectivos. Después hay que caminar 20 cuadras para el río Matanza. Si los colectivos dejan de pasar por la ruta 3 o pasan con la puerta cerrada y con las luces apagadas no hay nada que hacer sino esperar. La gente dice “no pude” sin agregar más y eso basta para entender por qué cada vez hay una dificultad distinta. Hay una cosa que los geógrafos llaman “la inmovilización de la pobreza”, la pobreza encierra, es muy difícil comunicarse. Cuando el tipo llegó a la ruta ya hizo una proeza, pero está con la ropa embarrada y a 30 kilómetros de la Capital.

–Usted asocia la actividad del “pobre ciudadano” con la imagen del cazador...

–Simplificando, cuando el cazador aprendió a mantener los animales consigo, los domesticó y se hizo agricultor. Puede planear todo el año, siembra, cosecha, guarda un poco para el año que viene.

–En una situación de empleo estable, los trabajadores son cual agricultores...

Las luchas sociales de la modernidad son luchas por estabilizar modelos de vida. Jornada de trabajo, jubilación, protección contra la enfermedad o el accidente. Usted vive de su trabajo, pero si se enferma, no se muere de hambre. El cazador no puede acumular, tiene que salir a diario a cobrar una presa nueva. No puede reproducir el recurso del que vive. El cazador sale con el arco y la flecha y debe volver con algo. Va al municipio, a la sociedad de fomento, a la iglesia y debe volver con algo, un plan o un sachet de leche o remedios para la abuela. Algo que no se sabe cuánto durará. Los pobres desocupados no tienen instituciones ni protecciones que les permitan descansarse en una previsibilidad, lo que hace muy difícil algunas estrategias que les gustan mucho a los liberales. Formarse, por ejemplo. Formarse ¿para qué? Un profesional que se forma para un trabajo afín a su especialidad puede hacer un curso de un mes, pero quien arranca de cero puede tomarse cinco años en formarse. Todos esos procesos que significan inversiones de largo plazo son muy difíciles. La vivienda y la tierra son la excepción, porque perduran. Es mejor ser pobre en su terreno, aunque esté muy perdido, a ser inquilino en un hotel ubicado en la ciudad.

–¿Qué está investigando ahora?

–“Agua más trabajo”, un proyecto del gobierno nacional que apunta a proveer de agua potable a alrededor de medio millón de personas en La Matanza. Comenzó en 2004. En un lapso de un año y medio se construyeron redes de agua potable a través de cooperativas de trabajo, con el municipio y el Enosa. Dos tercios del territorio de La Matanza. Aguas Argentinas había previsto proveer de agua a esa zona en 2023. El agua en La Matanza es de pésima calidad. Las cifras de mortalidad infantil son terribles, aunque no se conocen en su totalidad. Se armaron 90 cooperativas de 16 personas cada una, la mitad de los socios son beneficiarios del Plan Jefas y Jefes de Hogar. Se les dio capacitación, herramientas y hacen el trabajo bajo la supervisión de Aguas Argentinas y del municipio.

–Descríbanos la experiencia, por favor.

Hay un alto grado de improvisación y problemas. Hay lugares donde ya están los caños, pero no se encontró el agua, por falta de estudios previos. Se creyó que el agua estaba en napas que, luego se supo, están contaminadas. Se repite la inestabilidad de la que hablábamos antes: las obras se hicieron, las canillas se abren, no hay agua. Es el problema más serio, en el Gobierno confían en solucionarlo más o menos rápido. Hay un paisaje complejo de actores, Estado, empresas, organizaciones sociales. Cada grupo “tiene” (como si fueran propias) un conjunto de cooperativas. Cada agrupación decide quiénes la integran, cómo se organizan. La mitad (entre comillas porque así es la jerga) “pertenece” al municipio, un cuarto a la CCC y un cuarto a la FTV.

–¿Los cooperativistas responden a sus mandantes?

–En principio, deben hacerlo, porque si no, se quedan sin trabajo. Pero, en la realidad, ninguna organización puede controlar a todos, todo el tiempo. Hay hechos confusos, tejes y manejes (cooperativas donde trabajan 8 y cobran por 16, manejos poco claros del dinero). Son interesantes, no para descalificarlos sino para ver cómo se arreglan porque, finalmente, las obras se hacen, los caños están, las pruebas técnicas dan bien. Es muy interesante ver cómo la gente desvía lo que la institución dice para darle eficacia en otro sentido, por ejemplo, para que los que trabajen ganen más dinero que el poco que se les asigna. Eso no siempre se hace alegremente: hay peleas, denuncias por corrupción entre cooperativistas. Pero así se hace. Es un contrato de trabajo, que funciona como uno de caza. Es por cuatro meses ¿y después? No es una relación contractual de largo plazo. De las 90 que comenzaron, hay 30 que trabajan a pleno. Cuando comenzaron les decían que se formaran, que aprendieran contabilidad, la ley de las cooperativas, la tecnología del agua. Bueno, el tipo va a hacer eso hasta un punto, sabiendo que tiene una relación de cuatro meses. Como lo haría cualquiera de nosotros.

–¿Y avanza el proyecto?

–Avanza. Lo que también sirve para que el tan mentado problema de la cultura del trabajo no es tan cultural como se cree. No es cierto que alguien que no trabajó nunca no pueda adaptarse a los ritmos del trabajo, a los horarios, a la disciplina. Basta con que esa persona tenga una situación de trabajo estable y formalizada para que, en la inmensa mayoría de los casos, aprenda muy rápido.

–¿Eso, según usted, sería aplicable a cualquier país y cultura o es una característica argentina?

–En cualquier lugar, históricamente fue así. En los comienzos de la industrialización, cuando los desposeídos de la tierra llegan a la fábrica dejan de ser campesinos y se hacen obreros,

–Usted retoma el concepto de “desafiliación” de Robert Castel. Le pido, para terminar, que nos lo explique.

El concepto de “desafiliación” tiene una enorme ventaja. Presupone que la sociedad es un conjunto integrado por lazos, familiares, de empleo. La sociedad es un todo, ese sería el estado normal de las cosas. Castel intenta explicar el momento en que las crisis (de empleo especial, pero no únicamente) las personas se desenganchan y quedan por fuera, desafiliados. El problema es de vínculos. Incluso en esos años en que tanto se hablaba del “fin del trabajo”, del “horror económico” él (muy tesoneramente) porfiaba en que el gran integrador sigue siendo el trabajo. Quien no tiene trabajo no está liberado, sufre.


Lunes, 23 de enero de 2006, Por Mario Wainfeld


Tras hablar del resultado en las elecciones presidenciales argentinas del 27 de abril, el presidente cubano Castro afirmó:
"El símbolo de la globalización neoliberal ha sufrido un colosal golpe.
Ustedes no saben el servicio que le han prestado a América Latina y al mundo al hundirlo en la Fosa del Pacífico".






La Comisión Trilateral (Trilateral Commission, en inglés) es una organización internacional privada fundada en 1973, establecida para fomentar una mayor cooperación entre los Estados Unidos, Europa y Japón.

Fue fundada por iniciativa de David Rockefeller, miembro ejecutivo del Council on Foreign Relations y del Grupo Bilderberg y aglutina a personalidades destacadas de la economía y los negocios de las tres zonas principales de la economía capitalista: Norteamérica, Europa y Asia-Pacífico.
Precisamente la inclusión de miembros de Japón es la principal diferencia con el Grupo Bilderberg.

En la reunión del Grupo Bilderberg en 1972, David Rockefeller propuso la creación de la «Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad» (International Commission of Peace and Prosperity), conocida comúnmente como «Comisión Trilateral». La iniciativa tuvo muy buena acogida en la reunión.

La primera reunión de miembros ejecutivos tuvo lugar en Tokyo, Japón en octubre de 1973.

La Comisión Trilateral está vinculada a (o incluso forma parte de) el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations.

La comisión trilateral ha sido acusada de promover a lo largo de los años el adoctrinamiento ideológico en las escuelas de los Estados Unidos promoviendo entre otras cosas lo que se llamo el espíritu de la época.

Todo esto en favor de la clase dominante, esto es los hombres de negocios.


Funcionamiento

La Comisión Trilateral se congrega periódicamente manteniendo en sus encuentros reuniones en las que se unen proporcionalmente miembros de las tres áreas geográficas, combinando políticos, empresarios y personalidades académicas.

La importancia de sus miembros le genera numerosas críticas que alimentan la conocida teoría de la conspiración.


Miembros1

Actualmente la comisión es presidida por el congresista demócrata Tom Foley por los Estados Unidos, el empresario y político irlandés Peter Sutherland por Europa y el presidente de Fuju-Xerox, Yotaro Kobayashi, como representante japonés.

Entre las personalidades que han formado parte destacan los ex-presidentes de Estados Unidos George Bush sr., Jimmy Carter y Bill Clinton y el ex-Secretario de Estado de Estados Unidos Henry A. Kissinger.

El abogado español Antonio Garrigues Walker también es miembro de la Trilateral, así como Juan Villalonga.

Han sido también españoles de la Trilateral en el pasado, personalidades como Carlos Ferrer Salat, José Luis Cerón Ayuso, Emilio Ybarra, Claudio Boada Vilallonga, José Antonio Segurado, Jaime Carvajal Urquijo y Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate (Duque consorte de Alba).

Recientemente han sido aceptados como miembros Javier Solana (ex Alto Representante de Política Exterior de la UE), Ignacio Polanco (presidente del grupo PRISA), Borja Prado (presidente de Endesa) y Fernando Rodés (consejero delegado del grupo de comunicación Havas).