viernes, 5 de abril de 2019

Lavagna, y sus patrocinadores, tiraron la toalla frente a la resilencia del peronismo.



…es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas.

Sin embargo, el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los 60.

En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no solo individuales, sino también familiares, comunitarios y, actualmente, culturales.

Los investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural, que responde a tres modelos que la explican: un modelo «compensatorio», otro «de protección» y por último uno «de desafío».

Asimismo, la resiliencia es la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad, a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos.


Los usufructuarios “nativos” de Cambiemos están desesperados por una “salida” que no sea un despeñadero, por eso saltan del Plan V al Plan L, a medida que se acerca la fecha de las PASO.

No sucede lo mismo con los usufructuarios “externos”.

Con el FMI a la cabeza juegan a lograr un “Menem del Peloponeso” en Diciembre.

Con una Sociedad Civil exhausta y un Estado sin recursos y sobre endeudado, no quedan márgenes para ir al choque sin precauciones.

Como sucedió en la Grecia de Syriza.

En Grecia, Syriza vive una situación paradójica.

Alejada de ciertos planteamientos radicales de los principios, la formación griega ha abrazado posiciones pragmáticas que han producido avances indiscutibles.

El PIB griego creció un 2% en 2018 y debería mantener ese ritmo este año; la tasa de paro bajó de un pico de más del 27% a alrededor del 19%; Atenas cumplió con los requerimientos de los acreedores en materia de superávit primario (antes del pago de intereses).

Pese a ello, en un año en el que se convocarán elecciones generales, en los sondeos Syriza anda una decena de puntos por detrás de los conservadores de Nueva Democracia.

Tiene una intención de voto del 26%, cuando en las elecciones de 2015 logró un 35%.

Pese a resultados apreciables, paga quizá el desgaste del poder y el espíritu derechista de los tiempos.


En fin, de repudiar la “grieta” a “reclamarla” como propia del “proyecto”; pero del lado antiperonista.

Los “consensos” con la inclusión de la UCR y el PS, pero la “exclusión” del PJRA por ser este “un camino particularmente partidista”.


Traducción, “vótenme boludos, pero ni piensen en tener un lugar en las listas y la administración, si ganamos”.