martes, 21 de julio de 2009

Ortodoxia setentista.

Como ha sido mi costumbre, hoy deseo hablar al pueblo argentino sin eufemismos y sin reservas mentales. La información, como mí sentido de la realidad, me dicen que en el país está sucediendo algo anormal a lo que debe ser la marcha pacífica y serena de la tranquilidad.
Parte de esta intranquilidad obedece a causas reales; parte de ellas, se ocasionan en la provocación deliberada.

Existen, sin duda, factores negativos que provocan consecuencias a cuyas causas hay que ponerle remedio; pero ocurren también hechos que sólo obedecen a causas provocadas e invocadas al servicio de una campaña sicológica, con fines inconfesables, desarrollada ante la indiferencia de unos y la desaprensión de otros, pero que provocan un estado de cosas que si bien tienen un objetivo bastardo, no por eso dejan de perjudicar la confianza popular y la firme decisión que el país debe tener en la reconstrucción y liberación en que estamos empeñados. Así podríamos estar acercándonos a una lucha cruenta que algunos insensatos intentan provocar, en tanto el gobierno se esfuerza por evitarla.

HORAS DECISIVAS
Personalmente, he presenciado de cerca esa lucha y conozco sus efectos y sus consecuencias. Todos hablan de que fuerzas foráneas e interiores trabajan por crear trabas a la decisión tomada, pero pocos se ponen al servicio en defensa de esa buena causa, y en ello 'no hablo de los opositores sino muy especialmente de los propios partidarios, que poco hacen de efectivo para asegurar la pacificación y realización de lo que debe ser el empeño de los verdaderos argentinos, en las horas decisivas que nos tocan vivir.

Algunos, por mala intención, sirven a la perturbación; otros, lo hacen como idiotas útiles, pero muchos son los que a sabiendas, o sin darse cuenta, sirven a intereses que no son los del país.
Cuando el 21 de junio del año pasado dije que volvía para servir lealmente a la Patria, tal como lo hiciera toda mí vida, sabía claramente que enfrentábamos un proceso difícil y peligroso, pero también era consciente, entonces, como lo soy ahora, de que no podía rehuir mi responsabilidad frente al pueblo, que es la única fuerza en la que siempre he confiado para orientar y conducir los destinos del país.
Yo nunca engañó a ese pueblo, por quien siento un entrañable cariño. Ese es el sentimiento y la relación que me han dado fuerzas para seguir adelante, en medio de las diarias acechanzas y conjuras ridículas, tanto de quienes sueñan con un pasado imposible como de los que desean apurar las cosas. Yo vine al país para unir y no para fomentar la desunión entre los argentinos. Yo vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia. Yo vine al país para brindarle seguridad a nuestros conciudadanos y lanzar una revolución en paz y armonía y no para permitir que vivan temerosos quienes están empeñados en la gran tarea de edificar el destino común. Yo vine para ayudar a reconstruir al hombre argentino, destruido por largos años de sometimiento político, económico y social.

Pero hay pequeñas sectas, perfectamente identificadas, con las que hasta el momento fuimos tolerantes, que se empeñan en obstruir nuestro proceso; son los que están saboteando nuestra independencia y nuestra independiente política exterior; son quienes intentan socavar las bases de¡ acuerdo social, forjado para lanzar la Reconstrucción Nacional. Son esos mismos que quieren que volvamos a apagar los motores. Son también los que, malintencionadamente, interpretaron mis mensajes o simularon hacerlo para interferir luego la unidad para la reconstrucción con una supuesta y complacencia para con los enemigos de este proceso.

La unidad que propusimos tenía fines muy distintos a los que suponen esas mezquindades. Fue para concretar la liberación nacional y no para darles coraje a los enemigos de nuestra patria.
Esa unidad era y es para que el pueblo pueda hacer su voluntad sin obstáculos, y no para que permanentemente deban sortearse las jugarretas de quienes procuran impedir la concreción de los deseos de las grandes mayorías nacionales.

Por ello, creo que ha llegado la hora de reflexionar acerca de lo que está pasando en el país y depurar de malezas este proceso porque, de lo contrario, pueden esperarse horas muy aciagas para el porvenir de la República.

EL PACTO SOCIAL
Como ustedes saben, nosotros propiciamos que el acuerdo entre trabajadores, los empresarios y el Estado, sirva de base para la política económica y social de nuestro Gobierno. Lo hicimos con la convicción de que es el mejor camino para lograr, con el aporte de todos, sacar adelante el país.
Todos los que firmaron en dos oportunidades ese acuerdo, sabían también que iban a ceder una parte de sus pretensiones, como contribución al proceso de la liberación nacional. Sin embargo, a pocos meses de asumir ese compromiso clave para el país, pareciera que algunos firmantes de la Gran Paritaria están empeñados en no cumplir con el acuerdo, y desean arrastrar al conjunto a que haga lo mismo.
Yo califico a quienes están en esa posición, como minorías irresponsables y los acuso de sabotear la Reconstrucción Nacional. No escapa a mi Percepción la existencia de irregularidades, a las que procuraremos ponerle remedio cuanto antes.
Frente a esos irresponsables, sean empresarios o sindicalistas, creo que es mi deber pedirle al pueblo no sólo que los identifique claramente, sino también que los castigue como merecen todos los enemigos de la liberación nacional.

DENUNCIAS ANTE LA SECRETARIA DE GOBIERNO
Por nuestra parte, quiero que se tenga la más plena certeza de que los funcionarios oficiales que hayan violado el acuerdo, tendrán su sanción. A este respecto, pido a todos los ciudadanos que denuncien ante la Secretaria de Gobierno de la Casa Rosada, toda irregularidad que conozcan en los órganos gubernamentales.

Tampoco es nuestro deseo que los vivos de siempre saquen tajada del sacrificio de los demás. Los que hayan violado las normas salariales y de precios, como los que exijan más de lo que el proceso permite, tendrán que hacerse cargo de sus actos.

A mi juicio, quienes inducen al desorden, están promoviendo la contrarrevolución, y estoy convencido de que el pueblo habrá de combatirlos, como siempre hace con sus enemigos. Sé positivamente que existen algunos problemas reales. ¿Cómo evitarlos, cuando estamos cambiando drásticamente las estructuras de la dependencia, montadas por los empleados de los poderes coloniales? Pero estoy convencido de que esos problemas tienen poco que ver con los que inventan los saboteadores del proceso.

Los que hace muchos años que estamos en esta labor, sabemos claramente que un 80 ó 90 por ciento de las cosas que se andan diciendo por ahí, son inventadas por los profesionales de la acción sicológica.
Algunos diarios oligarcas están insistiendo, por ejemplo, con el problema de la escasez y el mercado negro. Siempre que la economía está creciendo y se mejoran los ingresos del pueblo - como sucede desde que nos hicimos cargo de¡ poder- hay escasez de productos y aparece el mercado negro. Lo que subsistirá hasta que la producción se ponga a tono con el aumento de la demanda.

ESPECULADORES
Por otra parte, el gobierno ha fijado los precios, pero cuando se cobra más de los precios fijados, el que compra debe ser el encargado de hacerlos cumplir, ya que el gobierno no puede estar cuidando el bolsillo de los zonzos, que hacen el juego a los especuladores.

No hay que olvidar que los enemigos están preocupados por nuestras conquistas, no por nuestros problemas. Ellos se dan cuenta de que hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea sin fobia, pero hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras.
En un año de gobierno, ellos advierten que el pueblo sabe, sin acudir a las recetas de miseria y dependencia, que mejoramos el salario real de los trabajadores, bajamos drásticamente la desocupación y aumentamos las reservas del país.

EL UNICO SUCESOR DE PERON
Esas sectas minoritarias han llegado a la histeria, y quieren que nos contagiemos para impedir que este proceso de cambio siga avanzando. Si esto sucede en lo económico, no deja de complementarse en lo político-social; no sería mucho avanzar en la autocrítica si dijéramos que, en muchas partes, los hombres de nuestro propio movimiento, en la función gubernamental, tienen la grave falla de sus enfrentamientos, ocasionados unas veces por bastardos intereses personales y otras por sectarismos incomprensibles. A todo ello se suma la fiebre de la sucesión, de los que no comprenden que el único sucesor de Perón será el pueblo argentino que, en último análisis, será quien deba decidir.

LA TELEVISION
Se ha lanzado a la calle el asunto de la televisión, cuando ya funcionaba una comisión de estudio en la que debía participar el Estado, sus legisladores, los sindicatos de esta especialidad y otros órganos interesados en la mejor solución.
Sus concesiones han vencido hace dos meses, como también ha vencido el plazo acordado a esa Comisión.

Sin embargo, el Poder Ejecutivo, que es quien debe decidir, ha mantenido una conducta prudente que, lejos de despertar intranquilidad, ha servido para que los órganos publicitarios, al servicio de otros intereses, que no son los de¡ país, lanzaran las más incomprensibles versiones.

LA UNIVERSIDAD
La Universidad es foco de semejantes insensateces. Querían su ley, la tienen Y está en plena organización normalizadora. ¿A qué seguir agitando un asunto terminado en lo sustancial? ¿Cómo se explica que ello suceda, solamente con fines extra universitarios? Esperamos los concursos para el profesorado. Será preciso asegurar que el resultado de ellos sea respetado y defendido por todos, como una garantía para que la Universidad, que valdrá tanto como sea el valor de su profesorado, pueda organizarse.

EL MODELO NACIONAL
Yo, personalmente, he preparado un estudio sobre el Modelo Nacional, de acuerdo con nuestra doctrina. Ya se comienza a hablar de corporativismo, asunto en el que ni siquiera hemos pensado, aunque creemos justo que la representatividad sea un asunto fehaciente y real para todos los sectores de una comunidad organizada.

Podría seguir mencionando numerosas cuestiones que se agitan arbitrariamente con fines de perturbación político-social, pero sé que el pueblo argentino es lo suficientemente perspicaz como para saber desentrañar la verdad.

Cuando acepté gobernar, lo hice pensando en que podría ser útil al país, aunque ello me implicaba un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades. Con esto hago un llamado a todos los que anhelan la paz y la tranquilidad, como a los que comprometieron su responsabilidad al elegirme para presidir el Gobierno. Nadie podría entonces llamarse a engaño sobre lo que yo quería, porque en numerosas oportunidades vine anunciando mis intenciones y deseos en actos públicos en la patria, como en comunicaciones desde el exilio, que también tuvieron estado público. Si me eligieron, imagino que las apoyaban y coparticipaban, como consecuencia, en la responsabilidad de realizarlo. Sin el apoyo masivo de los que me eligieron y la complacencia de los que no lo hicieron, pero luego evidenciaron una gran comprensión y sentido de responsabilidad, no sólo no, deseo seguir gobernando, sino que soy partidario que lo hagan los que puedan hacerlo mejor.
Una campaña sicológica de los elementos negativos de la nacionalidad, aliados a la acción foránea empeñada en anular el despegue argentino, no puede tener éxito si los bien intencionados no defeccionan y apoyan efectiva y dinámicamente al gobierno en sus realizaciones.

APOYO
Este apoyo no debe ser pretoriano, sino inteligente y franco, apoyando lo bueno y señalando lo malo, ante quienes lo puedan remediar, pero no sumando la murmuración propia o la perturbación a los que la desarrollan en grupos que bien sabemos en lo que están.

Ya pasaron los días de exclamar "la vida por Perón", vivimos momentos en que es indispensable demostrar en hechos sinceros y fehacientes, que estamos dispuestos a servir al objetivo común de todos los argentinos, realizado en paz con un trabajo honrado y permanente, a la vez que neutralizando la acción de los enemigos de la patria, de afuera o de adentro, empeñados en impedir su reconstrucción y su liberación

SABOTAJE DE PIGMEOS
Duele en el alma y en el corazón argentinos, tener que contemplar un sabotaje de pigmeos que no han llegado a comprender que los innegables éxitos de nuestra política internacional, que nos está llenando de ventajas y de prestigio en el mundo exterior, es parte de un patrimonio nacional que sólo un traidor a la patria puede combatir, cualesquiera sean las causas que lo impulsan.
Cuanto estamos haciendo por los intereses, el honor y el prestigio de la República ante todos los países del mundo, depende, en gran parte, del masivo apoyo de nuestro pueblo. Defeccionar en estos momentos, significaría renunciar a todo lo conquistado, para volver a ser una republiqueta sin dignidad y sin grandeza.

Por eso, cada uno que comparta las inquietudes y fines que perseguimos, no puede ser un testigo mudo de los acontecimientos, sino un protagonista activo y diligente en la defensa de los intereses comunes de los argentinos. Sólo los pueblos calificados con un alto índice de cultura política, pueden llegar a ser artífices de su propio destino.

Muchas gracias.

Compañeros. Retempla mi, espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria. Creo, también, que ha llegado la hora de que pongamos las cosas en claro.
Estamos luchando por superar lo que nos han dejado en la República y, en esta lucha, no debe faltar un solo argentino que tenga el corazón bien templado.

Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero, también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha, suele ser invencible.
Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro lado al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamás, otra causa que no sea la causa del pueblo.

Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección, pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin influenciarnos ni por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda.
El Gobierno del Pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber, que tampoco somos tontos.

Mientras nosotros no descansamos para cumplir la misión que tenemos y responder a esa responsabilidad que el pueblo ha puesto sobre nuestros hombros, hay muchos que pretenden manejarnos con el engaño y con la violencia; nosotros, frente al engaño y frente a la violencia, impondremos la verdad, que vale mucho más que eso. No queremos que nadie nos tema; queremos, en cambio, que nos comprendan. Cuando el pueblo tiene la persuasión de su destino, no hay nada que temer. Ni la verdad, ni el engaño, ni la violencia, ni ninguna otra circunstancia, podrá influenciar a este pueblo en un sentido negativo, como tampoco podrá influenciarnos a nosotros para que cambiemos una dirección que, sabemos, es la dirección de la Patria.

Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados. Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo.
Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener, pero con el concurso organizado de¡ pueblo nadie puede detener a nadie.
Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y actúe de acuerdo con las circunstancias.

Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender.
Compañeros: esta concentración popular me da el respaldo y la contestación a cuanto dije esta mañana.
Por eso deseo agradecerles la molestia que se han tomado de llegar hasta esta Plaza.
Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires, me trae el mensaje que yo necesito.

Compañeros: con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo. Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el último aliento.
Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino.

Juan Domingo Perón, 12 de Junio de 1974, sus ultimas Orientaciones y Directivas.

Dedicado a TODOS los Compañeros; para que sirva como aporte a la discusión en la que estamos inmersos.

lunes, 20 de julio de 2009

Tu quoque, the Economist,…; actualización política para liberales, 6.


Todos saben que aunque este emocionalmente comprometido con mi colectivo político, y sus devenires menudos; nunca deje de tener un ojo en lo que sucede fuera de la Argentina.

Porque, a pesar de no ser parte del Mundo, estamos en el Mundo; y este, tarde o temprano, nos afectara.

No soy economista, ni geopolítico; solo un militante estándar peronista, generacionalmente setentista, pero NyC (Nacido y Criado).

Aunque lo último, a 65 años de su génesis, parezca un dato menor, no lo es.

Porque nos permitió conocer, antes del gran aluvión de Sectores Medios, a los fundadores; con sus orígenes y tradiciones diversas, lo laborioso que fue construir una identidad y generar una Contracultura.

Como colectivo social, que desborda lo estrictamente político partidario, hemos pasado por diferentes transformaciones y metamorfosis; los no Peronistas hablan de 3, 5, 7, o 9 peronismos.

Suelo utilizar el concepto hinduista de Avatar, para explicar las sucesivas reencarnaciones, que en el fondo no son más que respuestas exitosas a diferentes desafíos, en el sentido que le da Arnold Toynbee.

Los NyC solemos plantear que en el peronismo no hay beneficio de Inventario, ni hacia adentro, ni hacia el resto del Pueblo Argentino, los quejosos no P.

Somos Perón, Evita, Borlenghi, Carrillo, Campora, Espejo, Cook, Patricio Kelly, Vandor, Rucci, el Brujo, el tordo Miguel, Ubaldini, Firmenich, Cafiero, Menem, Chacho Álvarez, Herminio, Grosso, Duhalde, Reutemann. de la Sota, Kunkel, Rico, Kirchner, Barrionuevo, Moyano, y todos los que alguna vez en su vida dijeron públicamente que eran peronistas.

Pero también somos, Tamboríni, Mosca, Sanmartino, Balbín, Frondizi, los Ghioldi, Codovilla, Hardoy, Leonardi, Rojas, Aramburu, Santucho, Moreno, Videla, Massera, Galtieri, Martínez de Hoz, Palacios, Alfonsin, Cavallo, los Alzogaray, Macri, Binner, Grondona, Joaquin Morales Sola, Bonasso, Carrio, Cobos, López Murphy, Buzzi, De Angelis, Yasky; y todos aquellos que ni en pedo se asumirían; pero conforman “nuestra” circunstancia.

¿Y que es uno sin su circunstancia?, ¿si además se tiene el celo misionero de hacer prosélitos?

Nunca fuimos un tenedor libre, sino un comedor comunitario donde hay plato único, un guiso compuesto por lo aporta cada compañero; y el “hambre” te lleva a pasar el pan sobre el plato, para pedir otra ración.

Porque a pesar de las diferencias, sentimos que compartimos una “unidad de destino”; juntos llegamos a Balcarce 50, o juntos compartiremos la parrilla y la fosa.

Porque no es un problema ideológico, sino de pura praxis, y la situación que se ocupa en ese momento preciso.

Oscar Smith era todo lo contrario a un zurdo infiltrado, y sin embargo la circunstancia lo obligo a resistir exitosamente al Proceso; porque encabezaba, según Walsh, una organización reivindicativa de calidad superior.

Tachuela Duhalde no es un revolucionario chavista, pero en Abril de 2004 con Carmona, solo él y el barba Fidel salieron con los tapones de punta.

Mientras Bush, Blair y Aznar aplaudían, y los progresismos latinoamericanos y europeos dudaban.

Hay que leer las notas de Pagina 12, o El País, de esas fechas; donde connotados chavistas de hoy en día, miraban con cariño la participación de los camaradas de Acción Democrática de Carlos Andrés Pérez en la expulsión del “populismo”, y la recuperación de la Republica.

Perón se canso de señalar que uno “monta los acontecimientos”, inevitablemente; y que el estudio y compenetración con la realidad, es lo que te permite “desensillar hasta que aclare”, justamente para evitar que te desmonten por la imprevisión.

Ahora bien, Perón se murió y no esta, pero quedan sus métodos de estudio y comprensión.

¿Qué significa eso?

Nuestra definición de enemigo NO es la de Carl Schmitt; es más cercana a la de Bonaparte en Italia, o Mao durante los 30 y 40, o el VC en las 1º y 2º guerras Indochinas.

"- Soldados...!

Estáis mal vestidos, y mal alimentados.

El gobierno espera mucho de vosotros y no os da nada...

Vuestra paciencia y coraje al soportarlo son dignas de admiración, pero no os proporcionan gloria.

Yo os conduciré a los valles más fértiles del mundo, ricas provincias y grandes ciudades estarán a vuestro alcance...

Las conquistaréis, obtendréis riquezas, honor y gloria...

Soldados de Italia...!

¿Cuanto vais a esperar...?"

Traducido a porteño, el enemigo es un recurso material y dialéctico.

Pero para poder “ganarlo”, no ganar o vencer, sino ganarlo; debo conocerlo, estudiarlo, encontrar sus virtudes y defectos; sobreponiéndome a mis prejuicios y aversiones, para que la CURIOSIDAD pueda trabajar a todo su potencial.

Solo los pedantes y necios son capaces de desconocer su Poder disolvente.

Por eso; la Clase Política y el Mainstream económico viven en Babia; discuten como si no hubiera sucedido el 2001; y ni siquiera leen la prensa de divulgación económica.

The Economist no puede ser acusado de Populista, y mucho menos de criptoestatista; pero el editorial, sumado a los artículos específicos, es lo mas parecido a una Autocrítica marxista realizada por un vocero del Liberalismo anglo sajón.

Francia, y el papel del Estado Burocrático activo; Alemania, y los riesgos de la dependencia de las exportaciones como motor económico, España y el desempleo, en un país con una legislación sumamente flexible, a la que se le exige mas flexibilidad; el Reino Unido y el 30ª aniversario del thatcherismo, el fracaso del Social liberalismo y su 3ª vía, el dilema de la impopularidad de los métodos de la Dama de Hierro, y la manera que los Conservadores se hacen los distraídos volviendo a ¡Disraeli! y su Conservadurismo Progresista e Imperial.

“The 30th anniversary of the Iron Lady’s first general-election win in May 1979 has been marked by reports, often exultant, of the death of Thatcherism.

None of us is a Thatcherite now.

Mr Cameron is a different sort of Tory: less of an economic determinist than Mrs Thatcher, more socially liberal, more in the party’s “one nation” tradition”

Si los párrafos anteriores no son el reconocimiento de una bancarrota ideológica, ¿como los llamamos?

Por eso le planteo a los Compañeros, Amigos y Críticos; ojo con paco ideológico, no compren paquetes llave en mano, que pueden explotarle a los incautos.

No tener idea no es vergonzoso, estamos tan en bolas como los que mandan en la City, WS, o el Distrito de Columbia.

Se quemaron los libretos;

“But the global economic meltdown has given them the satisfying triple whammy of exposing the risks in deregulation, giving the state a more important role and (best of all) laying low les Anglo-Saxons.

……………..

On the continental side, there is nothing especially socially cohesive about labour laws that favour insiders over outsiders, or rules that make the costs of starting a business excessive.

Even Colbert might admit that Europe’s tax burdens are too onerous today, particularly since they are likely to have to rise in the future to meet the looming cost of the continent’s rapidly ageing populations.

For the liberals, even if the cycle swings back in their direction, the financial crisis and the recession have shown up defects in the way they too implemented their model.

Getting regulation right matters as much as freeing up markets; an efficient public sector may count as much as an efficient private one; public investment in transport, schools and health care, done well, can pay dividends”.

¿Se entiende?, son discusiones que ni hay quedar, solo remitirlos a los papaers e informes que se están generando AHORA.

¿Cómo va a ser nuestro nuevo avatar peronista?

Eso depende de nosotros, y los amigos y críticos de buena leche que quieran acompañarnos.

Porque en el fondo, los no P, esperan que cumplamos con ese principio Doctrinario que dice:

“The pecking order may change, but pragmatism and efficiency will always count”

The Economist, and the Bases. ;-P

Tu quoque, the Economist,…; actualización política para liberales, 5

Unemployment in Spain

Not working

May 7th 2009 | MADRID
From
The Economist print edition

Spain is experiencing Europe’s worst unemployment problem

THE huge signs are up in town squares, city parks and myriad spots where men in overalls dig holes, lay pavements or spruce up public facilities. They proclaim that the work is being paid for by Plan E, the stimulus package pushed through by Spain’s Socialist prime minister, José Luis Rodríguez Zapatero. This included €8 billion ($11 billion) for immediate spending by town halls.

Plan E was meant to keep Spaniards working. Yet the latest unemployment figures show that it is not enough. In April 40,000 more people joined the dole queues. That was a slower rise than in previous months, but it still leaves Spain with a 17.4% unemployment rate, the highest in the European Union and twice the EU average. The European Commission predicts that unemployment will hit 20.5% next year. It also says Spain will struggle longer than other countries to recover, getting into positive growth only in 2011, a full year after the EU as a whole. “The sick man of Europe” was how the pro-government El País newspaper greeted the news.

Perhaps the most worrying thing is that Plan E has, in part, worked. The government says it has created some 280,000 jobs, even if few are permanent. The effect is temporary, said Pablo Vázquez of the Foundation for Applied Economic Studies. In August and September unemployment may climb again. Spain is lucky that strong social networks (helped by the black economy) help to prevent civil unrest.

The economy is in a double bind. It has been engulfed, like the rest of the world, by recession and shrinking global trade. To this is added Spain’s own particular crisis, as a model based on cheap labour and a dizzy property market hits the skids. Economists say that Spain must now make the sacrifices and take the tough decisions that it avoided during the long boom years.

Labour-market reform is perhaps the toughest of all. In some ways Spain’s labour laws are quite flexible. With almost a third of the workforce on temporary contracts, marginal workers are easy to shed by the simple expedient of not renewing contracts. That explains why Spain accounts for over half the additional unemployment within the euro area in the past year. The rest of the workforce is on Teflon-coated permanent contracts that make people difficult and expensive to sack. Companies inevitably choose staff to shed on the basis of how easy they are to fire.

Almost everyone favours reform. Such an initiative is urgently needed, with the government leading it, said a group of 95 academic economists in a letter. Mr Zapatero, however, does not share their sense of urgency. And labour-market reforms are not all that he is shying away from. The Bank of Spain recently issued a warning about a dwindling pension pot, suggesting it was time to push the retirement age above 65. Liberalisation of services provided by everyone from notaries and lawyers to veterinarians would help the recovery, said José Carlos Diez of Intermoney, a consultancy. “Whenever we have had a liberalisation plan, the economy has shown its potential for growth,” he added.

So why does Mr Zapatero not reform? Besides all the usual worries about strikes, trade unions and public support, his main problem lies in parliament. Last month his minority government lost its first parliamentary vote. Although the Socialists are only seven seats short of an absolute majority, they are struggling to find allies. Basque nationalist deputies are angry that a Socialist, Patxi Lopez, has just become their region’s premier. Catalan nationalists are similarly tired of the Socialist-led administration in their region. A fractious group of left-wing parties is not always reliable and unlikely to back tough reforms.

That leaves the main opposition, the conservative People’s Party, which now leads in the opinion polls. Some Spaniards would like to see the two big parties push a reform agenda through together. Things will have to get much worse before they are ready to do that.



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Tu quoque, the Economist,…; actualización política para liberales, 4

Bagehot

There is no alternative

May 7th 2009
From
The Economist print edition

The permanence of Thatcherism and the politics of unpopularity

POLITICS has turned funereal. New Labour was buried by ululating commentators after last month’s flawed budget. Now the -ism that spawned Tony Blair’s hybrid creed is apparently following it into oblivion. The 30th anniversary of the Iron Lady’s first general-election win in May 1979 has been marked by reports, often exultant, of the death of Thatcherism.

There are two strands to this diagnosis. One is that Margaret Thatcher’s deregulatory reforms, in particular the “Big Bang” of 1986, caused the financial crash; in this critique Mrs Thatcher (as she was in office) personally dispensed bankers’ bonuses from her handbag. The wider point is that the economic model she advocated, and which her apostate Labour successors embraced, has been discredited. Neo-liberal, Thatcherite economics, runs this argument, was fatally undermined by its own internal weaknesses, then interred after the crunch amid a mêlée of Keynesian splurges and nationalisations. None of us is a Thatcherite now.

The first charge is true only in the way that, say, the Versailles treaty “caused” the second world war. There have been too many intervening years, factors and governments for the case to stand up—though it reflects Mrs Thatcher’s mythic status that, for some, she must be to blame. The wider argument is plain wrong. The themes of British politics in the next few years will be recognisably Thatcherite. So will many of the policies.

Conviction and confusion

One nostalgic motif may be confrontation with trade unions. Of course, they are not the destructive power in the land that they were in 1979: Mrs Thatcher saw to that. Their membership has shrunk; their leaders are saner. All the same, the squeeze on pay and pensions in the public sector that may be needed to help cut Britain’s deficit will doubtless provoke a serious punch-up.

Another is privatisation. Admittedly, the state has temporarily taken charge of the new commanding heights of the economy, the banks. But elsewhere the process of privatisation begun by Mrs Thatcher and furthered by her heirs continues: witness the row between Gordon Brown and Labour MPs over plans for Royal Mail. More importantly, in areas that Mrs Thatcher only nibbled at—health, education and welfare services—politicians will push on with bringing in private provision and applying the rigours of the market to the functions of the state.

Then there is the question of tax. The new top rate of income tax, of 50% for earnings over £150,000 ($225,000), is cited as evidence of Thatcherism’s combustion. Yet the angry response has shown how widespread and ingrained is the doctrine that Mrs Thatcher preached: that low tax is good for both enterprise and government revenues. Moreover, while the latest increase may be myopic, it is scarcely the sort of confiscatory levy imposed before she took over: the realm of the possible in taxation has shrunk. Taxes may rise in the immediate future (as they did after the notorious budget of 1981); but a 1980s-style backlash against over-taxation across the whole spectrum of wealth may well follow. There could be a renewed push for tax reform, shifting the burden, as Mrs Thatcher did, from income tax to other kinds.

Britain is not the place it was in 1979: it is more complex, more tolerant and hedonistic, haunted less by imperial decline than by pseudo-imperial overstretch. Its problems are different too. Thirty years ago, taming inflation and making the country governable were Mrs Thatcher’s first priorities. Now one pressing need is to fulfil an aspiration she never realised: a dramatic reduction in the proportion of national wealth consumed by the state. For all the excitable short-term neo-Keynesianism, the basic long-term solution is Thatcherite: stringent economic discipline.

Imposing that discipline will bring with it two other Thatcher trademarks: controversy and intermittent unpopularity. The atmosphere of politics, like some of its content, is set to be Thatcherite. And Mrs Thatcher’s experience offers her successors a template for the uses and management of opprobrium.

For Mr Brown, the comparison is shaming. Shortly after he moved into Number 10, he invited Mrs Thatcher round for tea, describing them both as “conviction politicians”. Yet whereas her premiership was controversial in pursuit of a transformative goal, his has been a study in purposeless unpopularity.

Meanwhile David Cameron, the current Conservative leader, is in one sense the first post-Thatcherite holder of that office; only now have the clefts in the party left by her ousting healed. Mr Cameron is a different sort of Tory: less of an economic determinist than Mrs Thatcher, more socially liberal, more in the party’s “one nation” tradition. But he has assimilated at least one major lesson of her often misremembered career. She was a revolutionary but also an incrementalist, whose biggest upheavals were mostly not announced in her manifestos.

Mr Cameron is being similarly cautious. He now lauds Mrs Thatcher where once he seemed to distance himself from her, using her name as a byword for political bravery—but without saying precisely what form his own bravery will take. His Tory colleagues talk about how loathed they expect to be after six months in government—but not exactly why. The outstanding question is this: for all the shortage of upfront details, Mrs Thatcher knew what she wanted to achieve. Do the Cameroons?

At a recent press conference Mr Cameron was asked about the Thatcher anniversary. Serendipitously, as he answered, a military band struck up outside the window; Mr Cameron clenched his fist and talked with mock bombast about giving “pride back to Britain”. He is of a generation for whom invisible, ironising inverted commas hang above any grand or portentous statement. They didn’t for Mrs Thatcher. Her lesson is that Mr Cameron needs to know his mission, stick to it and hold his nerve.


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