viernes, 10 de septiembre de 2010

Mauricio, el Administrador; y el Consorcio de la CABA.

Cuántos propietarios saben, por ejemplo, que cuando compran un departamento o un local de comercio sometido al régimen de Propiedad Horizontal, no solamente pasan a ser propietarios de su unidad sino que además, pasan a formar parte de una especie rara de sociedad con una multitud de consortes a quienes no conoce.

Además, con socios que van y vienen, que no son siempre los mismos, que venden y se van y otros nuevos que llegan y él no los conoce porque nadie se los presenta.

Cuando se encuentra en el ascensor con alguno de ellos, a veces no sabe bien si es un nuevo vecino o un ladrón.

Además, cuántos propietarios de unidades en PH saben que esa relación con los demás propietarios o consortes está regida por un contrato llamado "Reglamento de Copropiedad y Administración" redactado no por ellos sino por el dueño original del terreno o de la obra.
……………..

Hoy por hoy y sobre todo entre nosotros, los argentinos, rara vez nos expresamos usando conceptos.

No sé si se habrán dado cuenta (sobre todo durante las horribles y extenuantes asambleas) que la gente habla mucho pero raramente conceptualiza.

De modo que las discusiones en casi todos los ámbitos, desde el familiar hasta el político, son series de parlamentos que van y vienen y no se encuentran.

No se sacan conclusiones.

Quiere decir que cada uno sigue pensando como pensaba.

Durante una conversación, cada uno piensa lo que va a decir mientras el otro le habla y cuando le toca el turno habla o vocifera sin tener una idea clara de lo que quiere decir.

No existe la voluntad de escuchar.

Ni tampoco la capacidad de síntesis, que es lo único valioso del pensamiento y la discusión.

Son los conceptos y no la verborrea ni el exceso de análisis lo que permite verdaderamente sacar conclusiones y resolver problemas.

No exagero si digo que tal vez ese sea el principal defecto de los argentinos.

Y hoy más que nunca debemos repararlo porque hoy más que nunca tenemos la necesidad de unirnos contra la adversidad.

Y no hay otra forma de unión más eficaz que la palabra.

La palabra que convence.

La palabra que es capaz de vencer al contrincante con un arma poderosísima, que es la razón.

Lamentablemente debemos reconocer que muy poca gente sabe qué es un concepto y quién lo inventó.

En realidad, el concepto es una idea precisa.

Una frase breve que define lo que se piensa separándolo, abstrayéndolo de todo lo demás que la persona piensa, siente, desea o hace y fue inventado por Sócrates cinco siglos antes de Cristo.

Él nos enseñó que para hablar constructivamente debemos transmitir conceptos y no ideas vagas.

Esto implica sacarle a lo que vamos a decir, todo lo que sobra.

Mucha gente que viene a consultarme un problema de consorcio pero trae in mente un conjunto de problemas mezclados entre sí.

Entonces comienza relatándome sus penurias y la historia de su consorcio.

Y en esa relación errática se va por las ramas y así se aleja cada vez más de lo que viene a consultarme.

Los problemas, cuando se carece de conceptos, de ideas claras, se agigantan y se transforman en verdaderos infortunios, cuando no en pequeños infiernos.

Un problema debiera ser un desafío y no un martirio.

Porque el problema está allí para ser resuelto y no para llorar sobre él.

Dr. Osvaldo Loisi¸ La Administración de Consorcios de Propiedad Horizontal

http://www.ligadelconsorcista.org/node/453

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, políticamente, funciona como un Consorcio de Propiedad Horizontal.

Que en situaciones normales, es manejado de taquito por los Administradores; que solo tienen el inconveniente de los hinchapelotas que van a todas las Asambleas, al cuete.

El peligro es, cuando por desidia o impericia; se amontona la Masa Crítica de Consorcistas indiferentes, y se suman a los hincha pelotas.

El caso del PRO, que busco identificarse voluntariamente con la “experticia” gestionaría; los lleva a un “brete” voluntario, e irresoluble.

Es el despacho diario lo que los pone en evidencia; no la maldad ajena, o las operaciones rocambolescas.

Aun el caso de los “estudiantes”; que reclaman como las viejas de 4º C y 2º H, que se refaccionen los espacios comunes, y no la Toma del Palacio de Invierno.

A ello se suman los derrumbes de Urquiza y Palermo; que podrán ser fortuitos en el tiempo, pero eso no significa que sean improbables.

Como se puede ver en cualquier canal cultural; Nat Geo, THC, o Discovery; cuando transmiten programas sobre Accidentología Aérea.

Nunca es un solo factor; sino una sucesión de negligencias y/o desaciertos, que se van sumando hasta que sucede la desgracia.

En resumen; las elites políticas porteñas, y sus valedores mediáticos, eligieron una mirada administrativa y personalista de la Política para la Ciudad.

Y tanto Ibarra, como Macri, se “descascaran” por la imprevisión e impericia; en primer lugar.

¿Por qué no hay Crogmanones, Villa Urquiza, o Berara en el Conurbano; Rosario, o Córdoba?

Todos asumimos la corrupción existente en la cárcel de los pobres; pero no se incendian o derrumban las bailantas.

Tampoco se caen edificios, o hay accidentes laborales masivos.

Y en segundo, el enfoque personalista, los obliga a hacerse cargo; pues no hay estructuras políticas debajo de ellos.

Solo conmilitones de roscas, o Castings para la los focos mediáticos; y ninguno capaz de leer sus propios reglamentos.

http://www.buenosaires.gov.ar/areas/produccion/def_consumidor/consorcios.php?menu_id=10327

Nada que ver con la Ley de la Selva, que rige más allá de la General Paz.

Inseguridad y la Familia (Corporación) Judicial.

Se autodenominan Familia; de Tijuana a Ushuaia; ver notas del Universal de Méjico.

Ser pariente, compadre o amigo de un juez, magistrado o ministro es garantía de empleo en el sistema judicial mexicano, sin importar cuáles sean los méritos y las capacidades del influyente en cuestión.

Lo sabía todo el país, pero apenas ahora lo confirma el Consejo de la Judicatura con base en una investigación propia.

Un emblemático ejemplo de nuestro rezago civilizatorio.

Como en la época feudal, la administración pública es generosa con la estirpe, con el linaje, más que con los conocimientos y el talento de tantos otros plebeyos sin la suerte de nacer bajo las sábanas pagadas por el presupuesto estatal.

La práctica afecta todas las esferas del Estado, desde la educativa hasta la petrolera, pasando por el ámbito sindical y hasta el político, con el agravante en los primeros dos casos —y en varios más— de que la costumbre se encuentra legalizada a través de leoninos contratos colectivos de trabajo.

Napoleón Gómez Urrutia, el minero que nunca trabajó como tal pero que heredó el liderazgo gremial de su padre, es el mejor ejemplo.

El sistema fomenta la sensación entre los ciudadanos de que la nuestra no es más que una oligarquía disfrazada de democracia, en la que la superación personal por medio de la preparación y el esfuerzo son inútiles frente al poder del parentesco y la influencia.

De manera calculada la clase política mexicana ha ignorado la necesidad de reformar el sistema de palancas para sustituirlo por uno de méritos y conocimientos.

En el caso que hoy nos ocupa, no basta con que el Consejo de la Judicatura diagnostique el mal y mande un memorándum exhortando a actuar éticamente.

Debe promover un plan de carrera que determine la entrada, el ascenso y las prestaciones.

De esa manera sabremos que nuestros jueces y magistrados son los mejores, no los mejor recomendados.

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45702.html

Al nuevo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Guillermo Ortiz Mayagoitia, la necesidad lo llevó a lo que después sería su vocación: juzgar.

Y la vocación a hacer del Poder Judicial su vida.

Lo que no se sabe es si el Poder Judicial entró a su casa o si el Poder Judicial es la casa de la que nunca ha salido.

Como sea, se dice que es un hombre de familia y que forma parte de la llamada "familia judicial".

"El ministro Ortiz Mayagoitia es un hombre común en términos medios, estudios profesionales sólo a nivel de licenciatura, más de 30 años de ejercer la judicatura, todos ellos casi al servicio del Poder Judicial de la Federación, con un año de inicio en el fuero común de mi estado, en un juzgado de Poza Rica.

"Diría yo que soy buen padre de familia; en términos de logros reales tengo tres hijos, todos ellos casados, todos ellos profesionistas.

Tengo su cariño, su respeto; igualmente sucede con mi esposa.

Dentro de los estándares medios creo que me ubico perfectamente".

Con estas palabras se definió a sí mismo quien hoy encabeza al Poder Judicial de la Federación, a finales de 2002, en una entrevista concedida a quien esto escribe, publicada en el libro Los rostros de la Suprema Corte.

http://www.eluniversal.com.mx/nacion/147272.html

O Bielsa, en Clarín, hace una década.

Siempre según los diarios, el juez Oyarbide, favorecido con otra licencia con goce de sueldo y de quien se rumoreaba que vivía un rapto místico, acaba de zanjar las diferencias doctrinales que mantenía con Dios.

Este ya está ocupándose personalmente de quienes más dañaron la imagen del abogado.

Una prueba de ello es que Mirtha Legrand se quedó sin programa.

La doctora Roxana del Valle Rogovsky Tapia, en otra demostración de que la vida imita al arte, se copió de la literatura y contrató a uno o dos nŠgres, como Dumas padre, para que le redactaran las sentencias, con el fin de mejorar su superioridad comparativa y su ventaja competitiva.

Todos estos episodios han causado estupor y escándalo, aunque en realidad lo sorpresivo -el verdadero fenómeno- habría sido que no sucedieran cosas como las que suceden, si tomamos en consideración el modo como el Poder Judicial de la Nación recluta sus recursos humanos, cómo controla su desempeño y con qué criterios promueve a sus hombres.

Más aún, es desconcertante que no sean conocidas por el gran público cosas que en los pasillos de Tribunales son secretos a voces.

La mayor parte de lo que se denomina la familia judicial conoce esos secretos y videos, y casi todos los padecen.

En realidad, ¿quién puede convivir en paz, unión y concordia con la ineficiencia, la corrupción, la lentitud, la iniquidad, la burocracia, la desconfianza, la desjerarquización, y otras voces y otros ámbitos?

Sólo lo logran unos pocos, los que sorben mansedumbre de los trajes de seda Kenzo, o miran la jubilación al alcance de una pedrada, o bien se deben al apellido que les legaron los antepasados.

Por todo ello es que no resulta difícil coincidir con el diagnóstico de los males judiciales.

Más difícil es acordar respecto del medicamento para remediarlos.

Los de los trajes de seda piensan que al techo de Tribunales no le iría nada mal una mano de pintura...

Los que sufren arriesgan cambios de competencia, incorporación de tecnología, meritocracia y otras grajeas de un mundo feliz.

En todo caso, coincidiremos en que es difícil acertar respecto del modelo de Justicia que se quiere, cuando no se sabe hacia qué modelo de mundo vamos.

¿Qué mundo?

¿Un mundo donde el 20 % que concentra el 80 % de las riquezas estuviera dispuesto a ceder algo, para que el 80 % que dispone del 20 % de las riquezas pudiera comer algo?

¿O un mundo donde fuese políticamente correcto el hecho de que una empresa despliegue el mismo movimiento económico que siete países sumados?

¿Qué jueces, por otra parte?

¿Jueces de los que hay que desconfiar -como se lo preguntan algunos intelectuales, por ejemplo, en Francia- porque se han vuelto ingobernables de tan independientes?

¿O jueces poco confiables porque se volvieron imprescindibles de tan gobernados por otro poder?

Mientras estas preguntas no tengan una respuesta siquiera aproximada, jueces y magistrados seguirán padeciendo como hasta ahora, de dos en dos, de vez en vez.

También los judiciales seguirán sufriendo como hasta ahora, en el horario habitual de 7.30 a 13.30. http://edant.clarin.com/suplementos/zona/1999/02/07/i-00301e.htm

Como el Estamento Clerical del Antiguo Regimen, sienten que debe estar “inmunes” de las cargas del “comun”, como los Impuestos; porque atenta contra la “investidura”.

Ver Nilda Garré y Darío Alessandro, La Nación, jueves 23 de octubre de 2003

El 30 de noviembre de este año -cuando termine el período de sesiones ordinarias del Congreso- caducará un proyecto de ley por el cual se obliga a los jueces a pagar el impuesto a las ganancias.

Ese proyecto, presentado en su momento por el Poder Ejecutivo, ya cuenta con media sanción de Diputados, pero para convertirse en ley necesita la sanción del Senado antes de que finalice este año.

De otro modo habrá que volver a empezar.

En él se establece que los jueces y funcionarios del Poder Judicial y del Ministerio Público paguen el impuesto a las ganancias, como el resto de los ciudadanos.

Algo tan sencillo como eso no debería ser tan complicado de consensuar.

Supone, simplemente, eliminar un privilegio que siguen teniendo algunos funcionarios públicos.

La ley 24.631

La historia de la aplicación de este tributo a los jueces ha tenido sus idas y venidas: en marzo de 1996 se sancionó la ley 24.631, que eliminó la exención del impuesto a las ganancias para legisladores y jueces.

Los legisladores pagamos el impuesto a las ganancias desde entonces.

Sin embargo, un mes después, la Corte Suprema, por medio de la Acordada 20/96, declaró a dicha ley inaplicable a los jueces, funcionarios judiciales y causahabientes, por lo que aún continúan beneficiándose con la exención.

Hay que señalar que esa acordada la dictó el máximo tribunal, de oficio y sin caso concreto.

Es decir, pasando por alto el principio por el cual la declaración de inconstitucionalidad de una ley se aplica para el caso concreto y como última solución a un conflicto entre partes, la Corte declaró inaplicable una ley que los obligaba a ellos y al resto de los jueces a pagar un impuesto.

Además de esta declaración de inconstitucionalidad de una ley por medio de una acordada, sin caso concreto y con efecto erga omnes (para todos), hay que señalar que ella ha sido dictada por los mismos jueces, que no se excusaron.

En todos los casos previos donde se discutieron cuestiones salariales de los jueces, la Corte se excusaba -como correspondía, por tener interés en la resolución del conflicto- y el asunto era resuelto por conjueces sorteados.

Sin embargo, esta acordada donde se establece que los jueces no pagarán el impuesto a las ganancias, fue resuelta por los mismos jueces que deberían pagar ese impuesto.

Esto ya nos hace sospechar de su imparcialidad, que era precisamente lo que querían resguardar.

Intangibilidad de salarios

El fondo del asunto es el siguiente: la Constitución establece la intangibilidad de los salarios de los jueces.

Esta cláusula, cuya fuente es el artículo 3, sección 1, de la Constitución de Estados Unidos, tiene por objeto proteger a los jueces de presiones indebidas del Congreso por medio del manejo de sus salarios.

Así, ha dicho Hamilton, en El federalista N° 79, que "después de la permanencia en el cargo, nada puede contribuir más eficazmente a la independencia de los jueces que el proveer de forma estable a su remuneración..."

Y nuestra Corte Suprema, en "Fiscal c. Medina", agregó que "su libertad de juicio puede vacilar ante el temor, muy humano, de que la retribución se reduzca por el legislador hasta extremos que no le permitan cubrir su subsistencia y la de los suyos".

Esto es cierto, quien maneja la bolsa puede manejar la voluntad.

Sin embargo -coincidiendo con gran parte de la doctrina nacional- un impuesto general, no discriminatorio y con una alícuota razonable, jamás puede provocar esto.

Si un impuesto a las ganancias tiene por efecto la imposibilidad de que alguien cubra su subsistencia, debe ser declarado inconstitucional por los tribunales, ya sea el obligado un juez o cualquier ciudadano.

En cambio, en relación con nuestro impuesto a las ganancias esto no sucede y nunca su alícuota ha sido invalidada judicialmente.

Ciudadanos

En 1920, la Corte Suprema estadounidense declaró inconstitucional que el impuesto a las ganancias sea aplicado a los jueces.

Sin embargo, los jueces inferiores se negaban a aplicar este precedente que fue duramente criticado.

Es por esto que en 1939, en el caso "O´Malley v. Woodrough", la Corte abandonó el anterior precedente y consideró plenamente constitucional que los jueces paguen ganancias.

En ese caso, el juez Frankfurter dijo que "sostener que la ley significa un avance sobre la independencia de los jueces (...) haciéndoles cargar con su parte alícuota el costo de mantenimiento del gobierno, es trivializar la gran experiencia histórica en que sus redactores basaron la salvaguardia del artículo 3, sección 1.

Someterlos a un impuesto general es reconocer simplemente que los jueces son también ciudadanos, y que su función particular en el gobierno no genera una inmunidad para participar con sus conciudadanos en la carga material del gobierno cuya Constitución y leyes están encargados de aplicar".

Por todo esto y por la doctrina consultada, no debe haber inconvenientes constitucionales para que los jueces paguen, como el resto de los ciudadanos, el impuesto a las ganancias.

Lo consideramos justo.

Es el Congreso quien establece la estructura impositiva del país, y un impuesto progresivo a las ganancias es central en este sistema para contribuir a la justicia distributiva.

El impacto económico de esta distorsión no es menor.

En el mensaje del proyecto de presupuesto para 2004 se especifica un monto de 82 millones de pesos por esta exención al pago del impuesto a las ganancias.

El mantenimiento de este privilegio impide, por ejemplo, que cien mil niños o jóvenes pobres perciban una beca de estudios por 820 pesos anuales.

El Senado está a tiempo de terminar con esta ventaja corporativa, contribuyendo a mejorar las instituciones y disminuir la desigualdad, objetivos comunes a los que persigue el gobierno nacional.

Los autores son diputados nacionales (Frepaso).

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=538117

Como toda Familia, tiene sus “excéntricos”, equivalentes a Fort; o sea los abogados mediáticos.

Una colección de abogados mediáticos

Burlando, Llermanos, Pinto, Cúneo Libarona, Almeyra y Vald están en la causa

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=907062

Que sirven, y cobran, en los casos de alta exposición; no importa si es el Gordo Valor, la Banelco, Skanska, Mozarella en mal estado, "Madonna" Quiroz, Giselle Rímolo, hermanos Conzi, grupo de policías "Los horneros", o los represores del Proceso.

Como responde Luis Valor a Ramiro Sagasti, en La Nacion del Lunes 18 de setiembre de 2006.

-¿Qué tipo de armas usaban?

-Ametralladoras, fusiles, escopetas.

-¿Tenían contactos con la policía o la Justicia?

-Ibamos a comer asados con jueces y fiscales.

-¿Les pagaron a funcionarios para "arreglar" alguna causa?

-No. Se podía llegar a una solución, pero "arreglar", no.

Tuerce la boca, arquea las tupidas cejas.

No profundizará sobre este asunto.

En cambio, en un acceso de retórica premoldeada dirá que no le correspondía una pena superior a 15 años por la serie de robos por la cual fue condenado, pero que los jueces querían dejar sentado un precedente de que había condenado a una superbanda.

Por eso los 24 años.

…………..

-¿Cómo fue el 18 de mayo de 1995, su último día en libertad?

-A las seis de la mañana habíamos ido con mi señora a la casa de un amigo en Villa Lugano.

Yo tenía 18 teléfonos chupados por la SIDE y el hombre que iba conmigo hace una llamada y le dice a su mujer:

"Tené preparada la cama, que vamos temprano".

Escuchan eso y mueven el operativo.

Pero la detención no ocurrió enseguida.

Ese día, Valor, su mujer y los amigos almorzaron fideos con salsa.

Pasó la tarde.

Llegó la noche.

Comieron un asado con otros visitantes.

Valor ya había visto movimientos extraños en la calle.

Ahora dice que pensó en irse, pero que se quedó porque al día siguiente tenía que hacer un "trabajo": levantar unas sacas con 500.000 pesos o algo así.

Tenía planeado instalarse en Montevideo meses más tarde.

Estaba todo arreglado, pero no pudo.

-¿Cuándo llegó la policía?

-Como a las cuatro de la mañana.

Vino Rodríguez.

Mario Rodríguez [comisario que era uno de los referentes de la llamada "maldita policía", al que llamaban "Chorizo"]; insertado por mí.

Eran como 70.

Me entregué con condiciones: que no le hicieran nada a mi mujer ni a la gente de la casa.

Estaban los chicos, un nene y una nena, que ahora deben de tener 15 y 18 años.

Le dije a Rodríguez que me matara afuera y él me dijo:

"No. ¡Qué te voy a matar, Luis!", y lloraba.

El tipo me había estado buscando día y noche.

Después me pasaron a la provincia, para hacer como que me habían detenido en Morón, porque no tenían la orden para hacer el operativo en la Capital.

Hace una pausa.

Su cara adopta un ensayado rictus grave.

Dice: "Ya llevo 14 años procesado, porque no hay condena firme.

Me quiero ir.

Quiero las garantías que no me han dado".

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=841438

Para los nostálgicos, +50, la tarantela de los Campanelli.

http://www.youtube.com/watch?v=1OTCZSbfwZw&feature=related

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Kristina y Hugo Boss; Articulo 14 Bis (1957), y su modelo inspirador (1951).


Alemania: 30 años de cogestión

Con un acto en Berlín se conmemoraron los 30 años de la Ley de Cogestión en Alemania: la canciller federal la calificó de "exitoso modelo" y los sindicatos exigieron su ampliación.

Merkel subrayó que la cogestión lleva a que el personal se identifique más con su empresa y los conflictos puedan ser solucionados en un marco de diálogo.

En ese sentido, agregó la canciller federal, la cogestión es una ventaja y no es una desventaja competitiva de Alemania y un componente imprescindible de la economía social de mercado. Alemania es uno de los países de Europa con menos días de huelga: la paz social también es una ventaja, resaltó la jefa de Gobierno. Ese principio agregó, debe servir de base de partida para el debate actual en el país en relación con la modernización y "europeización" de la cogestión.

El presidente de la Federación Sindical Alemana (DGB), Michael Sommer, calificó a la cogestión de "importante institución" y exigió su ampliación.

Cogestión se llama a un conglomerado de diversos derechos de coparticipación de los trabajadores o sus representantes en decisiones empresariales. Los 30 años que se conmemoran hoy se refieren a la aprobación de la Ley de Cogestión en el Bundestag (Parlamento Federal) alemán, en 1976, que tuvo varios predecesoras y de la que actualmente se estudia una eventual reforma para adaptarla a una Alemania insertada en la Unión Europa y en un mundo globalizado.

Se diferencia entre tres formas de cogestión: en el lugar de trabajo, en la organización de la empresa y en la dirección de los negocios.

Diversos tipos de cogestión

La cogestión en el lugar de trabajo supone que el trabajador tiene derecho a instrucciones claras acerca de sus labores y de las responsabilidades que asume. Además debe recibir información acerca de los peligros en el lugar de trabajo, tiene derecho a realizar propuestas relativas a su puesto de labores y acceso al legajo que se lleva sobre su persona en el departamento de Personal.

El empleador también tiene que oír al comité de empresa antes de proceder a un despido. Si no lo hace, el despido es ineficaz a efectos legales. El comité de empresa se encarga, entre otras cosas, de velar por que se respeten las leyes, reglamentos, normas de higiene y seguridad, convenios colectivos y acuerdos empresariales vigentes.

En cuanto a la cogestión en la organización de la empresa, el trabajador tiene derecho a coparticipar en la conformación del lugar de trabajo, el proceso y el entorno laboral, como por ejemplo el horario de trabajo, la planificación y de personal, las directrices acerca de la selección de personal, las instituciones sociales de la empresa, el control del horario de trabajo y el rendimiento.

El órgano de cogestión en la organización de la empresa es el consejo de empresa. Derecho a la formación de un consejo se tiene en empresas a partir de cinco trabajadores fijos. Los acuerdos logrados entre el consejo de empresa y la patronal se aplican a todo el personal.

Lea en la segunda parte las posibilidades de cogestión en la dirección de las empresas y los planes para el futuro.

La cogestión en la dirección de los negocios de una empresa se aplica en firmas que son persona jurídica y tienen más de 500 empleados. En el caso de empresas con entre 500 y 2000 trabajadores, los derechos de cogestión de los trabajadores son relativamente débiles.

Más derechos tiene el personal en empresas con más de 2000 trabajadores. Los derechos de cogestión más vastos se registran en la industria del acero y del carbón, para la que existe una ley específica, que rige en empresas con más de 1000 trabajadores.

El órgano de cogestión en la dirección de las empresas es el consejo de vigilancia. En Alemania hay unas 750 empresas con consejos de vigilancia de acuerdo con la Ley de Cogestión y unas 50 empresas con consejo de vigilancia de acuerdo con la Ley de Cogestión en la Industria del Carbón y el Acero.

El consejo de vigilancia está constituido por representantes de los trabajadores y de los propietarios de la empresa. Los consejos de vigilancia de las empresas en régimen de cogestión tienen distintas composiciones en función de la forma jurídica de la empresa, el número de trabajadores y el sector económico.

Dos votos para el presidente

En las formas más sencillas de cogestión, la patronal tiene siempre una mayoría en el consejo de vigilancia. Para las sociedades anónimas, comanditarias y de responsabilidad limitada, la Ley de Cogestión de 1976 establece la composición paritaria. No obstante, en caso de que en esas sociedades se produzca un empate en el consejo de vigilancia, el presidente tiene dos votos.

Haciendo un balance se llega a la conclusión de que la cogestión no tiene una influencia decisiva en la dirección de una empresa: al fin y al cabo las fuerzas del mercado también rigen para los miembros del consejo de vigilancia. No obstante, la cogestión sirve de órgano de control, permite a los trabajadores acceder a informaciones y les proporciona una cierta influencia en alguna toma de decisiones. Y, lo que quizás sea más importante: ha ayudado a asegurar en las últimas décadas una singular paz social al país.

La reforma de la cogestión

En el 2005 fue creada una comisión para estudiar una reforma de la cogestión. Por el momento parece difícil llegar a un consenso entre patronales y sindicatos. Porque mientras que los sindicatos exigen que la Ley de Cogestión rija también para empresas con 1000 empleados, las patronales argumentan que en ningún otro país europeo los trabajadores tienen tantos derechos de codeterminación.

De acuerdo con datos del Instituto de la Economía Alemana (IW), próximo a las patronales, en 14 de los 25 países miembros de la Unión Europea no existe codeterminación ninguna de los trabajadores en consejos de vigilancia. Entre ellos se cuentan por ejemplo Gran Bretaña, Francia, España y Bélgica.

Kurt Biedenkopf (democristiano), presidente de la comisión, pone en duda por su parte que las empresas hagan depender de la cogestión la decisión de invertir o no en Alemania.

http://www.dw-world.de/dw/article/0,,2151342,00.html

PD1 La imagen no son la CFK Alemana y el Moyano Alemán.

Ángela Merkel (izq.) con Michael Sommer, presidente de la Federación Sindical Alemana: de acuerdo en cuanto a la importancia de la cogestión.

PD2 Para más data:

La cogestión en Alemania occidental

http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/10/RPS_015_097.pdf

La cogestión en Alemania al concluir el año 1951

http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/10/RPS_013_053.pdf

Que fue LA INSPIRACION para el 14 Bis, de la Reforma de 1957.

Productividad y Ortodoxia Peronista.


SEÑORES:

Yo pienso que desde 1944, cuando iniciamos las reformas de tipo social y económico en el país, no ha habido para muestra economía y para nuestro bienestar social ningún acto más trascendente ni más importante que el que comenzará con la realización del Congreso Nacional de Productividad y Bienestar Social.


Con él se iniciará para la República, diríamos, la segunda e imprescindible etapa de realizaciones para su triunfo económico y para su bienestar social.

El congreso que se organiza no es, como algunos creen, algo referido exclusivamente a los empresarios y a los trabajadores del país; es un congreso que debe interesar a cada uno de los argentinos, porque el problema de la economía y del estado social no es de incumbencia exclusiva de un sector particular, sino de todos los argentinos.

Nosotros hemos sostenido en 1944 que en la comunidad argentina no debe haber lugar para aquel que no sea capaz de producir, por lo menos, lo que consume.


Esa etapa ha sido superada, y, por lo tanto, debemos iniciar una nueva con un nuevo objetivo, estableciendo que aquella premisa no es ya para nuestra actualidad económica y social un postulado; el nuevo postulado es que cada argentino debe producir al máximo para engrandecer y enriquecer a la República.


Nueva etapa de superación nacional

Por esa razón, es halagador presenciar la realización de este congreso, que pone en marcha esa nueva etapa de superación nacional.


Los factores preponderantes en él serán, .indudablemente, el Estado, las empresas y el pueblo que trabaja.


Es evidente que en esos tres factores se conjugarán todas las realizaciones.

Es sabido que se pueden realizar dos clases de congresos: aquel de tipo formal, que, imbuido de un método ideal, traza grandes concepciones que pueden o no realizarse, y el congreso efectivo, el real, que va a llevar a cada argentino la necesidad de que produzca y de que trabaje, y la convicción de que su sacrificio encontrará en las realizaciones nacionales la justa retribución de sus afanes.


Yo creo que el segundo método es el que nosotros debemos adoptar, y para ello es necesario que nos pongamos a trabajar, que interesemos a cada uno de los argentinos en este problema y que lo persuadamos de la necesidad imprescindible de realizar esta etapa.


Si lo conseguimos, el congreso será de una efectividad extraordinaria; de lo contrario, será un congreso más, intrascendente e inoperante como otros tantos que se realizan.

De ahí la preocupación que he de poner en todo lo que corresponda al Estado, a sus organizaciones y al Gobierno, para interiorizar a todo el pueblo argentino de la necesidad de una compenetración y de un convencimiento profundo de que el destino de la Patria está estrechamente ligado a este Congreso de Productividad y Bienestar Social.

Cada argentino debe saber que han terminado las posibilidades de un bienestar social que no esté afirmado en una mayor riqueza, y que el camino que conduce a esa mayor riqueza es únicamente el de la productividad.


Producir más y mejor

Es por esto que, en nombre del Gobierno y del Estado, empeño mi palabra de trabajar incansablemente para cumplir con las dos funciones fundamentales que corresponden al Gobierno y al Estado.


La primera función es la intrínseca, vale decir, aquella que el Gobierno y el Estado deben realizar como productores para el bien de la comunidad.


La segunda es la de posibilitar; a través de las medidas del Gobierno y del Estado, el cumplimiento, por parte de cada uno de los argentinos, de la consigna de producir más y mejor.


No estaríamos en nuestro lugar si nuestro trabajo no estuviese encaminado a posibilitar a cada argentino la realización de su trabajo en las mejores condiciones posibles y con el mayor margen de retribución beneficiaria.

En este sentido, señores, trabajaremos incansablemente y trabajaremos en colaboración y en cooperación permanente con la Confederación General Económica y con la Confederación General del Trabajo.


En la medida de nuestras posibilidades, haremos todo aquello que beneficie al trabajo de la comunidad.

Nosotros hemos empezado esta tarea hace ya largo rato.


Un Estado bien organizado y un gobierno bien racionalizado son, probablemente, el punto de partida de lo que al Gobierno y al Estado les corresponde cumplir como función específica.

En el futuro, todas las medidas que adopten el Estado y el Gobierno estarán encaminadas a favorecer esa función específica en lo social y en lo económico: luchar por una mayor productividad y por un mayor bienestar social.


En esta función, señores, comprometo el nombre del Gobierno y del Estado, como así también el prestigio de los hombres que trabajan para realizar dicha función.

Este problema, desde el punto de vista de nuestra concepción social, encaja perfectamente bien en nuestra reforma.


Nosotros comenzamos a luchar para que en la comunidad argentina terminasen los problemas que significaban una rémora para su organización, para su economía, para su riqueza y para su bienestar social.

Hemos luchado desde el comienzo por una mejor distribución de la riqueza, por abatir un sistema que descapitalizaba el noventa por ciento de la comunidad para capitalizar un pequeño sector, a fin de dar acceso a la propiedad y acceso a la capitalización, sea en empresas o sea por el ahorro, a todo el pueblo argentino.

Este objetivo ha sido alcanzado.


Nosotros podemos hoy asegurar que no hay ninguna comunidad en el mundo donde el acceso a la riqueza esté mejor asegurado que en la República Argentina, y yo pienso, como termina de expresar el señor presidente de la Confederación General Económica, que cada argentino tiene la posibilidad de alcanzar esa riqueza y esa felicidad si no equivoca el camino y si sabe emplear sus energías, sus esfuerzos y aun sus sacrificios para alcanzarla.


Esa posibilidad es, en todas las comunidades, lo más difícil de asegurar, y en la nuestra ha sido feliz y definitivamente alcanzada.


Hemos cumplido todo un programa

En esto, señores, hemos cumplido todo un programa.


Nosotros encontramos una comunidad donde la distribución de la riqueza era injusta y era desigual, y, lo que es más grave, donde un gran sector de esa comunidad tenía vedado el camino para alcanzar su mejora económica y su bienestar social.


Para corregir ese mal, nosotros hemos procedido a la realización de una reforma que se ha cumplido íntegramente, y hoy podemos decir que los beneficios de las empresas ya han sido justa y ecuánimemente distribuidos en la comunidad, respetando la capitalización indispensable para, la realización de las empresas.


No podríamos ya echar mano a los recursos de esa capitalización para mejorar el bienestar social.


Se ha llegado ya a límites que no permiten que ese bienestar social pueda afirmarse sobre lo que hoy existe como capitalización en nuestro país.

Si queremos mayor bienestar social debemos producir mayor riqueza o, de lo contrario, será siempre una ilusión el que pretendamos alcanzar un mejor “standard” de vida y un mejor bienestar social sin producir la correspondiente riqueza que ha de apuntalarlos, sostenerlos y consolidarlos.

En otras palabras, se ha repartido lo posible.


Para más, hay que producir.


Este es el punto de partida de este momento y de este congreso.


La República Argentina tiene, potencialmente, riqueza suficiente como para mantener el “Standard” de vida alcanzado.


Si queremos algo mejor, es necesario que lo alcancemos trabajando y produciendo.


Las riquezas potenciales del país son inmensas, pero esas riquezas potenciales no satisfacen necesidades; quizás puedan satisfacer ilusiones.


Pero ni los hombres ni las comunidades viven de esa clase de ilusiones.


Es necesario que esa riqueza en potencia la coloquemos en acción, y entonces el bienestar social, el aumento del “Standard” de vida, como el aumento de la felicidad que de ello puede desprenderse, podrán ser repartidos en la comunidad.


Ese problema es tan simple, que creo resulta innecesario abundar en ninguna otra consideración.

El aumento de la producción y el empresario

Señores:


Esta productividad tiene también, fuera de la acción estatal a que me he referido, el aspecto empresario.


El empresario puede influir en el aumento de la producción a través de su organización, de su eficiencia, de su buen gobierno de la empresa y de una dirección adecuada de la misma.
Eso es lo que el empresario puede realizar.


Y no tengo ninguna duda; sé que será realizado en nuestro país, que inicia una etapa de superación en la dirección de las empresas y en la administración de las mismas.

Su acción estará referida, entonces, a una producción eficiente, en primer término, y, en segundo término, suficiente.


Eficiente en su calidad, en su costo, y suficiente en la cantidad necesaria para el consumo y, ulteriormente, para la exportación.

Yo tengo la seguridad de que la producción en nuestro país, en lo que a este aspecto se refiere, no es todavía ni eficiente ni suficiente.


Alcanzar esos dos objetivos es lo que debemos proponernos todos: empresarios, Gobierno y trabajadores del país.

En cuanto a la productividad, en el sentido del trabajo, también tiene, en este aspecto, una importancia extraordinaria el último punto que hemos mencionado para las empresas: eficiencia y suficiente producción.


En la eficiencia la mano de obra tiene una importancia extraordinaria.


Con chapuceros no llegaremos nunca a una perfecta producción cualitativa.


De manera que esto impone también que nuestros obreros se capaciten altamente para producir.


Esa etapa la hemos iniciado con las escuelas profesionales y hemos de completarla con cursos de aplicación y de perfeccionamiento en todos los aspectos, para que un empresario que se preocupe por su administración y por un gobierno eficiente tenga también un obrero que no le eche a perder todas sus previsiones por falta de calidad en su mano de obra.


Esto, señores, es obligación del Estado, del empresario y del obrero.


Ningún obrero puede decir a conciencia que está ganando bien su salario si su producción es deficiente en calidad, por falta de capacidad en la mano de obra.


Ese obrero está, en realidad, por debajo de su salario, que no gana lícitamente, porque lo que produce no tiene la calidad para la cual él se compromete como operario capacitado.


El que no esté en condiciones debe dedicar algunas de sus horas de descanso para ir a la escuela de aplicación o a la escuela profesional a perfeccionar sus conocimientos y su habilidad manual para la producción. .

Este es un punto de partida indefectiblemente necesario y debe realizarse en nuestro país.

La producción cuantitativa y la mano de obra

Ya en 1944, pensando en esto, creé desde la Secretaría de Trabajo y Previsión las escuelas profesionales.


Todavía no hemos alcanzado el número indispensable ni la cantidad suficiente de operarios para satisfacer esta necesidad.


También esto es un punto importantísimo.

En lo referente a la producción cuantitativa, también la mano de obra tiene sus exigencias.


Es menester proporcionar bien en el análisis lo que es el trabajo cuantitativo, vale decir el tiempo de trabajo en relación con la producción.


Todo el sistema moderno de la organización del trabajo se basa, precisamente, en eso.


Y si la conquista de ocho horas de trabajo, hoy aceptada en todo el mundo, tiene algún valor, es siempre referido a la cantidad de producción en esas ocho horas.


El hombre ha conquistado esta jornada de trabajo, y el que no produce lo que debe producir durante la misma está en contra de ella.


Antes el hombre trabajaba veinticuatro horas para poder subsistir, para poder vivir, y a medida que fue organizando una mejor producción, vale decir obteniendo un mayor provecho con un menor esfuerzo, fue conquistando el derecho a descansar más y a trabajar menos.

Desde cuando trabajaba veinticuatro horas para subsistir ha pasado mucho tiempo, y la conquista de trabajar una tercera parte de ese tiempo está condicionada a que él pueda producir en las ocho horas lo que antes producía en las veinticuatro.


Si no, no se explica la jornada de ocho horas; no se explica esa conquista si no está proporcionada a esa producción.


Si el hombre no produjese en ocho horas lo necesario para subsistir, indudablemente llegaría un momento en que estaría obligado a trabajar mayor cantidad de tiempo.

Todo esto exp1ica también por qué si mañana el hombre, por una mejor producción cuantitativa y cualitativa, pudiese trabajar seis horas en vez de ocho, sería mejor.


Pero eso es todavía una ilusión, pues los márgenes de producción no alcanzan a satisfacer las necesidades existentes,


El problema, referido solamente a nuestro país, está demostrando que, si nosotros no somos capaces de aprovechar bien estas ocho horas de trabajo y producir lo suficiente, todavía no hemos asegurado esta jornada en los hechos.

Cómo vamos a hablar en nuestro país de desocupación si en este momento no producimos lo necesario para nuestro propio consumo, sin pensar todavía que tenemos que producir para exportar.


Es preciso que cada hombre que tiene como medio de subsistencia su trabajo manual se persuada, de una vez por todas, de que en esas ocho horas él debe producir bueno y abundante, y de que cuanto más produzca, más se irá acercando paulatinamente a la disminución de sus horas de trabajo.


Pero pensar en disminuir horas de trabajo, antes de haber producido lo necesario para consumir, es una ilusión que no resiste el menor análisis.

Es imprescindible que cada argentino se convenza de que en esto no hay milagros: o producimos lo necesario para vivir y para exportar o, de lo contrario, no vamos a cumplir el ciclo que estarnos obligados a desarrollar.

Por esto, señores, creo que el camino de comenzar a conversar y a discutir estos problemas, para llevar la persuasión absoluta a cada uno de los argentinos sobre la necesidad de combinar nuestros empeños para una mayor producción con un menor esfuerzo, es, sin duda, el punto de partida más trascendental de toda la acción que nos corresponde realizar en el futuro.

Muchas veces se ha dicho -y esto es algo que suele jugar también en los ambientes de las discusiones obreras sobre la producción-:


“¿Para qué vamos a producir? ¿Para que el patrón se ponga mas rico y mas gordo?”


Esto puede ser cierto en algunas partes, pero no en otras.


Frente a un individualismo capitalista de explotación eso es justo, es real, como también lo es ante un Estado explotador, frente a esa organización estatal de explotación donde el obrero, produzca más o produzca menos, siempre está explotado por el Estado.


Pero en un país como el nuestro, donde ya hemos superado esa etapa, donde sabemos que hoy los dirigentes obreros discuten con sus patrones a la luz de la producción, de la economía, de la ganancia, de las pérdidas de los precios, la posibilidad de que sus asociados de los sindicatos puedan ganar proporcionalmente a sus esfuerzos y a la producción de las empresas, eso no se justifica.


En otras palabras: donde no hay explotación y donde el producto del trabajo se reparte ecuánime y justicieramente, sostener que se trabaja para el patrón es sostener una mentira; no es sostener una realidad ni una verdad.


Por eso entiendo que en esta tierra, donde hemos superado esas etapas -no superadas en otros países-, la obligación de producir, por parte del obrero, no es solamente un deber, sino también una acción que le conviene, ya que a una mayor producción le corresponderá a él también una mayor ganancia.


Pues si una empresa prospera por sus grandes realizaciones, parte de esos grandes beneficios van también al que los produce trabajando.


En consecuencia, a una mayor producción, él tendrá también un mayor beneficio.

Me he referido muchas veces al caso de una conversación con un amigo industrial a quien un día le pregunté si él creía que del lado empresario podía aumentarse la producción, alcanzarse una mayor productividad.


“Aumentando los beneficios, sí”, me contestó.


“De acuerdo”, le dije.


Indudablemente, es un estimulante natural y lógico.


Volví a preguntarle: “¿Y del lado de los obreros?”


“Trabajando más”, me respondió.


Le expresé entonces que no estaba de acuerdo, porque él medía al empresario con un patrón y al obrero con otro, siendo que eran dos hombres iguales, con las mismas aspiraciones, los mismos sentimientos y las mismas necesidades.


¿Por qué no creía él que aumentando el beneficio el obrero no iba también a aumentar su producción?


Aumentar la productividad y aumentar los beneficios


Yo creo que en eso reside especialmente la posibilidad de interesar.


Mientras nosotros lo hagamos sólo con el sentido patriótico del deber, con el sentido ético del trabajo, conseguiremos algo; pero mucho más vamos a conseguir si a ello le agregamos el beneficio, que será de orden materialista, pero que es, sin duda, un estimulante que resulta bastante eficiente para la realidad de la vida.


Afortunadamente, nosotros conjugamos bien los dos factores, el moral y el material, y por eso digo que debemos llevar a la conciencia de los hombres de trabajo la necesidad de aumentar la producción a fin de incrementar sus beneficios.


El mismo nombre que inteligentemente se ha dado al congreso está diciendo que no se trata de aumentar solamente la productividad, sino también de aumentar los beneficios.


¿Por qué?


Porque a la productividad se le ha agregado el bienestar social, lo que implícitamente predetermina que un aumento de productividad ha de traducirse en bienestar social.


Y cuando la riqueza se conjuga con miras al bienestar social, vale decir que la acción económica está en función social, se justifica cualquier hecho desde cualquier punto de vista.


Por eso, señores, la realización de este congreso, que se inicia con auspicios tan buenos, tan inteligentes y tan generosos, ha de encontrar eco en la comunidad argentina, y hemos de luchar porque cada uno de los argentinos se persuada definitivamente de que las conquistas del futuro dependerán de esa productividad.


Nadie debe llamarse a engaño de que podremos seguir elevando el margen de bienestar social si no elevamos aparejadamente el margen de los bienes económicos a través de una mayo y mejor productividad nacional.

Señores:


Quiero cerrar esta conversación con las mismas palabras con que la empecé hace unos instantes.


Sabemos que siempre se realizan dos clases de congresos: tratemos de que éste sea una cuestión vívida y permanente; tratemos de despertar en cada una de las inteligencias de los argentinos y en cada uno de sus corazones la comprensión y el deseo de realizar esta acción.


Debemos empeñarnos en la medida que sea necesario para difundir en todo el país esta necesidad, a fin de que el hombre más modesto del más apartado rincón de la República sepa que él también es un soldado de la productividad y que, en consecuencia, debe trabajar incansablemente en su acción de todos los días para que aumente la productividad en el país, pensando en que si se trata de un árbol, él debe plantarlo; si se trata de un animal, él debe hacerlo reproducir; si se trata de una fábrica, él debe dar allí en su trabajo el máximo de energía para que se produzca más; si se trata de una empresa, él debe hacer todo lo que sea necesario para que la organización sea cada vez más perfecta, más racional, y produzca más con menor costo y menor esfuerzo.

Es decir que cada uno de nosotros debe persuadirse de la imprescindible necesidad de realizar esta acción.


Si no hacemos esto, es inútil que vegetemos en una posición ya alcanzada.


Los verdaderos hombres de acción deben tener todos los días un nuevo objetivo de superación; y el nuevo objetivo de superación argentina es producir mejor y producir más.


http://www.ligacristianaba.com.ar/peroncongreso/peronpalabras.htm